La apuesta que la Unión Europea ha hecho por desarrollar el vehículo eléctrico se desarrolla aún a ralentí. Las causas que indican los expertos para que no termine de cuajar entre los conductores son muchas. La principal es el alto precio de los turismos con estas motorizaciones, pero la baja autonomía que tienen, aunque crece día a día en los nuevos modelos, dispara demasiado el coste y, finalmente, la falta de enchufes tanto públicos como privados para dar servicio a los automóviles que ya están operativos.
En este contexto, España, aunque está aumentado con paso lento pero firme la red de enchufes recarga de vehículos eléctricos y la venta de coches con pila, se coloca por debajo de la media de la Unión Europea. De hecho, a cierre del pasado diciembre, contaba con 38.725 postes operativos, después de haber instalado 9.424 en 2024, lo que significa un fuerte incremento del 32% en comparación con las 29.301 unidades con las que concluyó 2023, según los datos publicados por la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac).
Hay que destacar que este nuevo escenario se debe fundamentalmente al esfuerzo inversor que han desarrollado las grandes compañías energéticas del país como Iberdrola, Endesa o la antigua Cepsa y ahora Moeve a la hora de ampliar la capilaridad geográfica de la red pública de recarga que, pese a estos datos, aún se mantiene muy por debajo del reto de la patronal automovilística de llegar hasta los 64.000 enchufes en 2024.
Uno de los problemas que plantea el sector es que la alta burocracia que exige la Administración deja una cifra que podría incrementarse con un poco más de voluntad. En concreto, a cierre de 2024, España denunciaba que 11.445 puntos no estaban operativos, y que podrían ampliar la red en más de 50.000. Asimismo, solo el 8,4% es de alta potencia de más de 150 kilovatios con un total de 3.255. De ellos, 1.818 tienen entre 150 y 250 kilovatios mientras que 1.437 son de más de 250. Por el contrario hay 27.549 puntos menores de 22 kilovatios, un 71% del total.
En esta línea, mientras las ventas de vehículos eléctricos alcanzaron el pasado año una cuota del 18% en el mercado europeo, en España, apenas superaron un 5%, según los datos del Grupo Moure, lo que pone de manifiesto que esta realidad es un reflejo de las políticas fragmentadas y una infraestructura insuficiente en Europa que limitan el crecimiento del mercado.
Estrategia
Los expertos apuestan por que la transición hacia la electrificación debe basarse en un gran esfuerzo coordinado entre toda la Unión Europea, desechando la realidad actual en la que cada país funciona con una estrategia diferente que frena la adopción masiva de vehículos eléctricos.
En España, la falta de enchufes de carga pública sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes. Esto limita la autonomía de los conductores, especialmente en trayectos largos, y los empuja hacia modelos híbridos.
Los consumidores buscan facilidades para una movilidad sin restricciones y, ante esta evidencia, los híbridos se posicionan como una opción más viable al combinar lo mejor de ambos mundos: energía eléctrica y combustibles fósiles.
Otro de los grandes retos es la accesibilidad económica. Aunque el precio de los vehículos eléctricos ha disminuido en los últimos años, sigue estando fuera del alcance de muchos consumidores, especialmente de los más vulnerables o los que viven en zonas rurales, por lo que se precisan incentivos e inversiones en infraestructuras y tecnologías que abaraten los costes.