Santa Teresa es uno de los grandes atractivos de los que puede presumir Ávila en cuanto a religión, cultura y turismo y esto hace que la mayoría de los visitantes hagan una parada por la iglesia de La Santa y pasen a contemplar la sala de reliquias que está junto a ella. Se trata de una zona que ahora se presenta con una renovada imagen, lejos de reliquias más amontonadas, de forma que se da la imagen necesaria a cada pieza y se logra una nueva iluminación.
El cambio se ve desde el principio, con una nueva puerta de entrada, que deja atrás el hierro y ahora es de cristal, con el escudo de la basílica. Además se ha cambiado la iluminación, ahora de led, y los mostradores de la parte de la tienda. Pero, al final, esto solo es una antesala a la zona donde verdaderamente se ven los cambios y que es en la sala de reliquias. En una visita guiada por el rector del convento de La Santa, David Jiménez, y el carmelita Luis Carlos Muñoz, se ve una sala que antes tenía un mobiliario de estilo castellano donde «todas las reliquias estaban muy amontonadas». Pero ahora se ha querido «presentarlas de otra manera» y lo que se ha hecho es «dar más relevancia a cada una de las piezas, con un sentido catequético».
Este cambio es visible en la sala que, aunque conserva las mismas dimensiones, ahora parece más espaciosa, lo que es importante para un lugar donde «viene muchísima gente, prácticamente todo el mundo viene pasa por aquí» y no se quería que quedara como una simple visita a unas reliquias sino conseguir esa «pedagogía para el visitante».
La sala de reliquias de La Santa, más abierta y atractiva - Foto: David CastroEsos visitantes comienzan su recorrido por la sala de reliquias acercándose a la parte más andariega de Santa Teresa, con los «muchísimos kilómetros que recorrió» para sus 17 fundaciones. Y a eso está dedicada la primera zona, con el báculo que Teresa de Jesús llevó en los últimos años de su vida, el original y que fue el que se presentó al Papa en la celebración del centenario de su nacimiento. Además, en esa zona se puede ver la suela de una sandalia para pasar después a las denominadas «piezas de devoción», con un trozo de tela de La Santa, pero sobre todo el rosario que usó (la caja donde está, aunque es una pieza «preciosa», es posterior, del siglo XIX) y la «disciplina con la que hacía penitencia».
Se completa esta primera parte con «dos huesos de San Juan de la Cruz». Puede llamar la atención encontrar este elemento en una zona de reliquias de Santa Teresa pero hay que tener en cuenta, no sólo que él también era de Ávila, sino que fue «el gran compañero de Santa Teresa» y de quien se sirvió para «fundar la rama masculina de la orden del Carmen» en Duruelo. «San Juan de la Cruz va a acompañar a Santa Teresa en muchas ocasiones. Ella lo trae de confesor a La Encarnación hasta que fue preso a la cárcel de Toledo y después San Juan de la Cruz viene a buscar a Santa Teresa, a San José, para fundar la fundación de Granada», explica David Jiménez, recordando que él será el encargado de esta fundación cuando «la Santa se encuentra un poco mayor».
Su papel como escritora es fundamental para conocer a Santa Teresa y es por eso que entre sus reliquias se encuentra un fragmento original de una de sus cartas, donde se ve con claridad su firma. Y junto a ella, la «reliquia insignia» de la sala, el dedo anular de la mano derecha, la «reliquia de más valor que se conserva» en La Santa. Está junto a la carta para dar relevancia a su papel como escritora porque aunque es evidente que Santa Teresa «deja una huella en toda la iglesia y en toda la sociedad» y hay mucha gente que «viene siguiendo a Santa Teresa por su espiritualidad» también hay quien lo hace por su faceta de escritora y es por eso que están juntos la carta, el dedo y un cuadro de Teresa escribiendo Las Moradas.
La siguiente zona es la parte de la Santa como «mujer mística que tiene unas experiencias religiosas de gran calado». Y para reconocerlo hay una «pieza sublime» que muestra en plata la transverberación. Es una «pieza de una belleza extraordinaria», explica el rector de la basílica, que recoge un momento esencial para Santa Teresa y que está acompañada de otras imágenes que « han ido dando expresión de quién es esta mujer, como a lo largo de los años se la ha pintado» con un cuadro más actual que ofrece una «relectura del cuadro que hay en Sevilla, que fue el primero que la hicieron a ella en vida», además de una cruz «que se hizo con la madera de las vigas de la alcoba de la Capilla de Natal, la que fue habitación de sus padres» y sobre la que se levanta el convento actual de La Santa». De esas vigas se cogió la madera para formar la Cruz que hoy se ve en la sala de reliquias.
Y de ahí se pasa a la última parte, quizá la más conocida de Santa Teresa junto a sus escritos, como es su papel como fundadora. Allí está el Cristo que Teresa llevaba a las fundaciones y un cuadro de la Virgen que también llevó a alguna de ellas. Son reliquias, por tanto, porque ellas misma las usó y las llevó.
La visita se cierra con un panorama con imágenes de las 17 fundaciones de Santa Teresa, con las de monjas y una de frailes, «la de Duruelo» y teniendo en cuenta que «se considera que Teresa es la única mujer que fundó una orden de varones». Ahí hay imágenes de todas, de San José en Ávila, la primera (algo más grande porque fue modelo para el resto) y de todas las demás, incluyendo Alba de Tormes, donde está su sepulcro, y la de Burgos, la última. En todas, menos la de Granada, se contó con la presencia de la santa abulense y esto es algo destacado porque logró esas 17 fundaciones en 20 años y en un tiempo donde los traslados eran a un gran costo personal y con dificultades para los permisos.
La visita a la sala de reliquias es independiente al Museo de La Santa, dado que esta primera zona es de apertura libre y acceso gratuito puesto que se considera como una catequesis» que se hace con algo «tangible» como son las reliquias de Santa Teresa.