"El Óbila es más que los resultados de su primer equipo"

Alberto Sánchez
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Jonah Callenbach llegó por primera vez al Óbila con 18 años persiguiendo el sueño de convertirse en jugador profesional. Hoy es jugador y su presidente

Jonah Callenbach - Foto: Isabel García

Portugués de nacimiento, de sangre holandesa y abulense por merecimiento. Aquí llegó Jonah Callenbach a sus 18 años como un prometedor jugador de baloncesto cuando el Fuenlabrada y el ÓbilaClub de Basket encontraron en el CUM Carlos Sastre, entonces parqué de LEBPlata, un espacio ideal para hacer crecer a sus más jóvenes promesas, como Chema González, Massine Fall,Moussa Diagne,PabloFernández oRolands Smits, hoy uno de los mejores aleros del baloncesto europeo. Igual que le trajo, el baloncesto se lo llevó.Pero la vida, una rueda que no para de girar, le devolvió a Ávila y al Óbila años después. Hoy es jugador y presidente de un club del que asumió la responsabilidad de la presidencia convencido «de que puedo aportar valor».En ello está.

Son sus padres holandeses, él nació el Portugal y a sus 15 años no dudó en hacer las maletas cuando el sueño de ser jugador profesional le ofreció la oportunidad de recalar en el Fuenlabrada. «Allí lo dejé todo» recuerda. «Yo tenía muy claro que quería apostar por ser jugador profesional».Ya un año antes había formado parte de un Centro de Alto Rendimiento en Oporto. «Fue una preparación para lo que iba a llegar». Lo que llegó fueron las ofertas del Fuenlabrada,Estudiantes y Cajasol por un jugador que destacaba entonces entre los mejores Sub'16 de país vecino. «No fue una decisión complicada pero sí fue difícil» recuerda. Con 15 años llegaba a Fuenlabrada. «El objetivo era convertirme en jugador ACB». Con el equipo cadete logró los mejores resultados del club madrileño en la categoría. «Es cuando el club decide que debo dar el salto a la LEBPlata con el Óbila, en lugar de hacerlo al equipo EBA de Fuenlabrada, con el plan de alcanzar el ACBen dos años».

Deportivamente «fueron años muy bonitos pero también muy intensos, complicados. Exigían mucho de mi».Su día a día eran los estudios, entrenamientos, gimnasio, plan individual... Pero era lo que quería.«Las cosas que son difíciles de conseguir al final son las que merecen la pena. Eso lo he tenido siempre claro, aunque hubiera que dejarlo todo». Años bonitos pero quizás todo demasiado prematuro. «En algunos aspectos estaba preparado, pero para otros no».Era muy joven. «Hasta ese momento era un canterano que lo estaba haciendo muy bien y de repente, de un día para otro, me convertí en un profesional que tenía que rendir».Tuvo que adaptarse, pero no fue sencillo. De aquella etapa aprendió a tener empatía ante lo que ve hoy en día. «He visto con mis propios ojos lo complicado que es ser jugador profesional. Al final en cualquier deporte hay que ser muy bueno, tener una mezcla de suerte, oportunidad, pero hay que trabajar muchísimo y tener la cabeza impecable. Tienes que ser muy fuerte mentalmente. Seguramente un año en EBA, una categoría más profesional pero más cerca de la júnior, me habría ayudado en lugar de saltar a una ciudad en la que no conocía a nadie y en categoría Plata».

La exigencia le 'atropelló'. No pudo sacar el baloncesto que de verdad tenía. «Era algo que notaba», una diferencia palpable entre lo que hacía en los entrenamientos, «donde no había exigencia de ningún tipo», y lo que se veía en los partidos, «en los que me distraía con tener que rendir.No estaba preparado para ese salto».  De aquella etapa aprendió lo fundamental del aspecto mental. «Nosotros tenemos una psicóloga deportiva en el club que trabaja con los jugadores. Eso es algo muy normal en el deporte hoy en día y es algo que me hubiera beneficiado en su momento».El paso de los años, la vida, le ha permitido entender que «la capacidad mental es importante. En júnior tenía un entrenador que me decía cada día que podía ser el mejor. Te lo acabas creyendo y rindiendo.  Pero en años posteriores pasas a ser uno más y el mensaje es otro. Un jugador bueno, mentalmente fuerte, tiene que rendir igual le digan lo que le diga. Yo tuve los mismos entrenadores que Rolands Smits... Esa fortaleza mental es esencial».

De aquellos compañeros que tuvo en el Fuenlabrada y el Óbila Club de Basket fueron muchos los que llegaron al más alto nivel. «Aún no tengo claro si, apostando por ello, no lo hubiera alcanzado».Porque aquel joven que estaba dispuesto a dejarlo todo por alcanzar el sueño de ser un jugador profesional dio un giro a su vida. «Mi cabeza dio un vuelco. Para mi era importante estudiar y no estar obsesionado con una única cosa».A sus 20 años se marchó a Amsterdam. Por sus venas corría sangre holandesa. «Eran mis raíces». Y en Holanda comenzó a jugar con el BCApolloAmsterdam. «La idea era apostar por otra vía para alcanzar el objetivo», el baloncesto profesional.Sin embargo el cambio fue complicado. «Decidí tomarme un pequeño descanso. Y el descanso pasó a ser de años. Hasta entones echaba tantas horas de baloncesto que cuando quité esa parte de mi vida pasé cuatro años de no ver ni pisar un pabellón.Quizás necesitaba centrarme en otras cosas. Me centré en mis estudios». Se convirtió en un magnífico estudiante. Sacó adelante Administración y Dirección de Empresas, Máster en Finanzas e Inversiones en Rotterdam y comenzó su etapa laboral.   

En ese contexto, su vuelta a Ávila y el Óbila. Para entenderlo, hay que  conocer su vida personal. Porque en Ávila conoció a la que es ahora su mujer y que no dudó en hacer las maletas cuando Jonah puso rumbo a Holanda, donde nacería su primera hija. «Llegó un momento en el que ella quiso regresar». Y con el covid «fue la primera vez en mi vida en la que el dónde estabas físicamente trabajando dejó de ser importante. Cerraron oficinas, comencé a teletrabajar». Volvió a Ávila con su familia. «Y estando aquí hablé con el club para empezar a entrenar. Una cosa llevó a la otra». Hasta tal punto que ahora es el presidente del club.

Su llegada a la presidencia «fue una combinación de muchas cosas. Había gente que llevaba en el club más tiempo, que conoce los detalles mucho más que yo pero no todo el mundo quiere ser presidente y lo entiendo» aclara Jonah Callenbach con una sonrisa. «Es un honor ser presidente. Es un puesto de servicio puro y duro para todos los jugadores que tenemos, las familias, los aficionados y la ciudad». A su favor su perfil laboral, su conocimiento de los números y las finanzas, su perspectiva como jugador... Antes de aceptarlo buscó las respuestas a las preguntas y dudas que tenía. Lo valoró con calma, entendió dónde se metía y llegó a la conclusión de que «puedo aportar valor al club.Estoy dispuesto a asumir lo que supone». Un puesto que califica de honor pero que conlleva muchos sacrificios y no menos disgustos. «En ocasiones se valora la labor del presidente en base a los resultados del primer equipo, pero el Óbila Club de Basket no es el primer equipo. Es la imagen hacia afuera del club pero el Óbila no se creó para eso.Nosotros estamos para fomentar el deporte en Ávila, para que los niños y niñas puedan practicar un deporte tan bonito como es el baloncesto.El trabajo que hay tras ello para mejorar la cantera, el servicio que damos, es la parte importante, aunque en ocasiones es una parte invisible para la sociedad».  

Conoce a la perfección las limitaciones del club, empezando por las financieras, «pero se puede hacer más con lo que ya tenemos.Hay ciertos gastos que se pueden reducir porque no añaden valor».En su cabeza tiene «mejorar la oferta con empresas y empresarios. El Óbila tiene raíces profundas en la ciudad pero es esencial aportar valor a la ciudad para que quieran ayudarnos y ser parte de nuestra familia». Lo que tiene claro es que «los resultados no son lo esencial», aunque siempre ayudan. Entiende que «la ciudad tenga ganas de ver de nuevo al Óbila en Segunda FEB. Si todos en la ciudad decidimos que es algo que queremos hacer, juntos lo lograremos, no hay dudas».

De momento combina la faceta de jugador y presidente junto a su faceta profesional. «No hay horas suficientes en el día». Cree que esa doble faceta jugador - presidente «la estamos llevando bien pero el futuro es de Juan, Ian, Dani Carretero,Alberto,Carlos... Y son los que tienen que tener minutos. Y yo se los estoy 'robando'. Creo que lo justo es empezar a dejar de hacerlo y centrarme en la presidencia».Reconoce que es una dinámica extraña.«Soy capitán, compañero de equipo, presidente pero Antonio manda en mi sobre la pista».

Su trabajo le permite compaginarlo todo. Es P&A Manager –similar a analista financiero– para Harman International, una unidad independiente de Samsung con una facturación de 10.000 millones de dólares dedicada, a través de sus diferentes líneas de negocios, a productos para consumidores, automóviles y empresas especialmente destinados al sector audiovisual. Comenzó en Operaciones organizando pedidos para distribuidores. Ahora está en Finanzas, analizando los números, oportunidades de negocio y asesorar sobre toma de decisiones.

No le quedan muchas horas al día, pero las que araña se las dedica a sus hijos –tres– y su mujer. Le gustaría ver más películas «pero mi mujer es de series». Es el presidente del Óbila pero en el mando de la televisión no lleva la voz cantante.