Pablo Serrano

CARTA DEL DIRECTOR

Pablo Serrano


Lecciones y desafíos de una pandemia cinco años después

16/03/2025

Han transcurrido ya cinco años desde que el mundo se paralizó por una pandemia que puso a prueba nuestra resiliencia y nuestra capacidad de adaptación. Hoy la COVID-19 nos deja ver cicatrices, pero también enseñanzas valiosas que no deberíamos olvidar, y me queda la sensación de que no nos ha hecho mejores. La fragilidad de la sanidad, la economía y la estructura social quedó expuesta, y ahora que el virus ha pasado a formar parte de la rutina sin el dramatismo de aquellos meses nos debemos preguntar qué aprendimos.
Uno de los primeros errores que hemos cometido tras la crisis sanitaria es asumir que todo ha vuelto a la normalidad, a no ser que la normalidad sea un sistema sanitario aún tensionado, con profesionales que han salido de la pandemia más agotados que nunca. Tampoco es normal un modelo económico que se tambalea entre la inflación y la incertidumbre global. Si algo nos enseñó el COVID-19 es que no se puede dar nada por sentado. La rápida expansión del virus dejó en evidencia las debilidades estructurales de nuestro modelo, pero una vez superada la crisis, el impulso reformista se ha diluido en la complacencia.
En los peores momentos de la pandemia, los sanitarios fueron considerados héroes. Se aplaudía desde los balcones y se reconocía su esfuerzo. Pero cinco años después, ¿qué ha cambiado para ellos? La falta de inversión, la precariedad y la fuga de talento siguen siendo problemas sin resolver. España fue pionera en la rápida respuesta científica, en el desarrollo de tratamientos y vacunas, pero no ha aprendido la lección más importante: sin una sanidad fuerte, cualquier crisis futura nos golpeará con la misma fuerza. Es preocupante ver cómo la salud mental sigue siendo una asignatura pendiente. El confinamiento y la incertidumbre generaron una crisis de ansiedad y depresión sin precedentes, especialmente entre los jóvenes. Se prometieron recursos, se habló de la importancia del bienestar emocional, pero la realidad es que el acceso a psicólogos y psiquiatras sigue siendo un privilegio más que un derecho. A duras penas se trata de combatir.
En marzo de 2020, cuando el mundo se encerró en casa, surgieron muchas reflexiones sobre el futuro. Se hablaba de que esta crisis nos haría más conscientes, más solidarios, más humanos. Si algo ha dejado la pandemia es una sociedad más polarizada –lo vemos día a día en la política, el deporte, la cultura...– donde los discursos del miedo han encontrado su hueco y donde la confianza en las instituciones se ha dinamitado. También han cambiado nuestras relaciones personales.
Aquí en Ávila, donde la pandemia golpeó con especial crudeza a las residencias de mayores y donde el hospital tuvo que lidiar con una situación extrema con recursos limitados, la sensación de vulnerabilidad sigue presente. Así que no es casualidad que el debate sobre la necesidad de reforzar la sanidad haya cobrado fuerza.