Por desgracia, la realidad laboral de Ávila provoca que muchos de sus jóvenes tengan que volar fuera para encontrar un futuro profesional acorde a sus pretensiones, bien a otros lugares de España o bien al extranjero. Sonia, movida por su pasión por viajar y conocer mundo, optó por la segunda alternativa, que la llevó a Alemania a finales del 2019. No obstante, sus estudios de Biotecnología ya la habían obligado a salir antes de su ciudad natal, primero a Salamanca y después a Barcelona para cursar un máster en Investigación Biomédica. Entre medias, estuvo un cuatrimestre de Erasmus en Lovaina (Bélgica). Todas ciudades con universidades de mucho prestigio.
Fue en la Ciudad Condal donde comenzó a gestarse la marcha de Sonia a Alemania. «Allí me interesé por realizar un doctorado y, desde siempre, tenía interés por Alemania. Me llamaba la atención y había estudiado algo de alemán», comenta. Pero el empujón definitivo se lo dio su director de tesis, de origen teutón, quien la recomendó realizar el doctorado en el Centro Alemán de Investigación Oncológica (DKFZ) de Heidelberg. «Participé en el proceso de selección del propio centro, me invitaron a hacer las entrevistas personales en Heidelberg, después con los grupos y, al final, conseguí una beca», explica. De este modo, se trasladó a otra ciudad universitaria donde, tras casi cinco años, en septiembre obtuvo su merecido doctorado, tras lo cual, permanece en el mismo laboratorio con un contrato de investigadora posdoctoral hasta que termine su proyecto sobre la terapia de células CAR-T (una novedosa técnica que ya ha dado resultados beneficiosos en España) y pueda publicarlo en una revista científica.
El principal hándicap para adaptarse a la rutina alemana fue, para variar, el idioma. «No hablo bien el alemán porque, al estar en un centro internacional, me comunico en inglés. Eso limita ciertos aspectos, como conocer a la gente local en el día a día», afirma Sonia. Pero, por lo demás, tampoco se le hizo complicado a vivir allí, tanto por el tamaño de Heidelgerg (similar a Salamanca) como por el clima (parecido al de Ávila, aunque más nublado y con menos horas de sol). Además, allí se estilan los desplazamientos con bicicleta, una rutina que siempre le gustó y que le aporta «mucha calidad de vida».
Como cualquier emigrante, Sonia añora la cercanía de sus familiares y amigos. «Echo de menos no poder estar en eventos con mis padres y mis amigos. Siempre está esa sensación de estarme perdiendo cosas del día a día o momentos importantes», confiesa. Siempre visita Ávila en Navidad, donde aprovecha un par de semanas para ponerse al día y, de vez en cuando, en verano, siempre que no esté de viaje, otro modo de reencontrarse con los suyos.
Ahora, su futuro cercano es un poco incierto, porque pronto termina su contrato en Heidelberg y espera nuevas aventuras profesionales, que quizás la hagan regresar a su país. «No me cierro a volver a España, es una posibilidad, pero no me importaría ir a otro país de Europa. Suiza me llama bastante», comenta. Quizás su regreso a España sea más a largo plazo, ya de cara a estabilizarse definitivamente. Hasta que ese momento llegue, Sonia seguirá recorriendo mundo y viviendo aventuras fuera de nuestras fronteras.