La plaza del Mercado Grande es el centro neurálgico de Ávila y, como tal, desde siempre ha acogido los principales bares y restaurantes de la ciudad. Bajo sus soportales convivieron durante años las clásicas cafeterías Piquío, Café Pepillo o El Oro del Rhin, establecimientos que recibieron a las grandes personalidades locales y nacionales de las décadas de los 40, 50 y 60.
Ahora, ya entrados en el siglo XXI, es el Barbacana quien ha recogido el testigo de aquellos bares míticos para la sociedad abulense. Hace más de dos décadas que abrió en el antiguo emplazamiento de El Oro del Rhin. Sus actuales propietarios, Adrián Martín (jefe de cocina) y Binoy Madavana (encargado de barra), se hicieron con las riendas del negocio en abril de 2017, tras varios años trabajando como empleados. «Nosotros ya llevábamos la gestión interna del restaurante y nos propusieron quedarnos con él y nosotros aceptamos», declaró Adrián.
A pesar del cambio de dueños, el Barbacana mantiene la esencia de sus orígenes, aunque con pequeñas modificaciones «para satisfacer las necesidades y los gustos de los clientes». Una clientela muy variada (familias, trabajadores de los negocios cercanos, abulenses en general), aunque por su ubicación reciben también muchos turistas, especialmente en fechas muy marcados en el calendario abulense, como la Semana Santa o el Mercado Medieval.
Entre su amplia variedad de tapas (los clientes pueden elegir entre más de 20 opciones diferentes), las más demandas son las icónicas patatas dos salsas y la brandada de bacalao, además de clásicos castellanos como las patatas revolconas y los callos. Y, por otro lado, el Barbacana también funciona como restaurante, donde triunfa el menú del día, que cada día cuenta con una sugerencia de la casa. «Hay platos con mucha demanda que no podemos cambiar. En ese sentido, tenemos un menú fijo. Pero siempre, a mayores, incorporamos una sugerencia cada día», explicó Adrián. Unos platos surgidos de la rica cocina tradicional castellana. Eso sí, en su extensa carta también se pueden encontrar bocadillos, hamburguesas, raciones o platos combinados que los clientes pueden degustar casi a cualquier hora, ya que la cocina permanece abierta durante todo el tiempo de apertura del local. «Damos la opción a la gente que no tiene donde comer por tema de horario», aclara el jefe de cocina.
El Barbacana también es apto para realizar pequeños eventos (cenas de empresa, cumpleaños, comuniones o hasta alguna boda) en su comedor, con capacidad para 80 personas. Nada que ver con las pomposas fiestas y actos que se llevaron a cabo durante los años de auge de sus legendarios antecesores. Pero el Barbacana mantiene el legado de los bares clásicos del Mercado Grande.