El estrés del ocio es de los peores estreses que hay». Así lo asegura Íñigo O'Shea, copropietario del Hotel Nabia de Candeleda, alojamiento donde a los huéspedes se les anima a no hacer nada. «Nos gusta que se sienten con la mirada perdida a mirar el valle y a disfrutar de la naturaleza», afirma Íñigo al hablar de este hotel rural con encanto que abrió sus puertas en 2010 y que fue la apuesta por un cambio de vida de este madrileño y de su mujer, Sofía Bernar.
Tras más de una década trabajando para grandes multinacionales, y «viviendo para trabajar», la pareja decidió cambiar de vida y en ese proyecto «lo de montar un hotel rural era lo que más nos atraía», recuerda él. Después de buscar mucho tanto en España como incluso en otros países el matrimonio descubrió por casualidad en una reunión con amigos el Valle del Tiétar. «La zona nos encantó», confiesa Íñigo que recuerda que visitaron varios parajes de la zona hasta dar con el que, enseguida supieron, era el emplazamiento perfecto para su proyecto. «Un señor nos subió a un terreno que nos cautivó y nos convenció de que era nuestro sitio», recuerda Íñigo cómo eligieron el emplazamiento donde construirían su hotel. Eso fue en el año 2006 sin embargo el alojamiento no abrió sus puertas hasta 2010. «Es el hotel que a nosotros nos gustaría encontrar cuando viajamos», asegura el propietario del Hotel Nabia al hablar de este negocio hostelero que gracias al boca a boca ha conseguido hacerse muy popular. «Tratamos a la gente como nos gustaría que nos trataran a nosotros, que es algo muy fácil de decir pero difícil de hacer», reconoce este empresario que asegura que el objetivo es que quien se aloje en este lugar sienta «que se le trata con cariño y con respeto y no como un cliente».
a los pies del almanzor Ubicado en un enclave muy especial, a 800 metros de altitud, y en un paraje con vistas a la sierra, al Valle del Tiétar y a los pies del pico Almanzor, el Hotel Nabia está a siete kilómetros de Candeleda y aunque la zona tiene muchas posibilidades tanto Íñigo como el resto de su equipo siempre recomiendan a sus huéspedes «que practiquen la molicie, el arte de no hacer nada».
El hotel que invita a no hacer nadaDe hecho, cuenta Íñigo que aunque muchos de los huéspedes llegan «con la idea de hacer muchos planes», una vez entran en el hotel y descubren lo impresionante del entorno donde se ubica y la amplitud, diseño y comodidad de las habitaciones y diferentes estancias de este alojamiento turístico deciden no salir de allí durante toda la estancia. Es más, cuenta Íñigo que cuando el Hotel Nabia abrió sus puertas «estaba pensado como un alojamiento abierto para todo el mundo pero enseguida vimos que la gente llegaba buscando un silencio y una tranquilidad incompatible con las familias», lo que hizo que «en una especie de selección natural» este alojamiento se convirtiera en un destino 'only adults'. «Son parejas que vienen buscando desconectar y tranquilidad y muchas de ellas tienen hijos», reconoce este hostelero que durante estos años ha sido testigo de como ese ambiente de paz y tranquilidad de su hotel ha ayudado a muchas parejas «a reencontrarse» y a salir de esa estancia más unidas que antes. «Es un negocio con una parte humana muy importante», afirma Íñigo al hablar de este hotel que da empleo a una decena de personas de la zona, todas ellas fijas y en plantilla prácticamente desde que este alojamiento turístico abrió sus puertas.
«Nabia es un hotel para descansar al que una vez que uno llega rara vez quiere salir», reconoce su propietario que asegura que no pocas parejas llegan a pasar allí hasta dos semanas haciendo «nada, más que pasear, leer, charlar tranquilamente y escuchar los sonidos de la naturaleza». No en vano, aparte de en los espacios exteriores, entre los que destaca su terraza con increíbles vistas y la piscina infinity, casi todas las habitaciones del hotel cuentan con un balcón desde el que se puede disfrutar de estos parajes.
Despertar en medio de la naturaleza lejos del ajetreo de la ciudad, desayunar con vistas a paisajes idílicos o descansar en un ambiente relajante y tranquilo son los principales atractivos de este hotel de lujo que, asegura su propietario, se ha dado a conocer gracias «al boca oreja». «Nuestro propósito es cuidar a nuestros clientes y que luego ellos hagan el marketing», reconoce Íñigo que apunta que Madrid aporta al 80 por ciento de los huéspedes que pasan por este hotel rural, mientras que el otro 10 por ciento llega de otras provincias y el mismo porcentaje, es turista extranjero.
El hotel que invita a no hacer nada«La gente piensa que somos como Heidi y Pedro en la montaña», reconoce Íñigo cuando se le pregunta cómo ha cambiado la vida de esta pareja que dejó Madrid por emprender en el campo. Y aunque reconoce que vivir en plena naturaleza y en un lugar privilegiado como Candeleda es un lujo no niega que un proyecto como el suyo también tiene problemas. Eso sí, asegura que si ahora, catorce años después de que abriera sus puertas, alguien les preguntara que si volverían a empezar en Candeleda y con un hotel como el Nabia «la respuesta seguiría siendo sí porque el resultado siempre ha sido positivo».
«Hay mucha gente que viene a Candeleda por el hotel y no por Candeleda», afirma Íñigo que no oculta su orgullo de saber que el Hotel Nabia también aporta su granito de arena para que esta localidad abulense, y en general el Valle del Tiétar, se dé a conocer. Es más, asegura que después de haberse alojado en su hotel y de descubrir la belleza de la zona algunos clientes han llegado incluso a adquirir una vivienda en Candeleda, el pueblo del que también Íñigo y Sofía son vecinos unos vecinos más desde hace ya más de una década.
El hotel que invita a no hacer nada