Pablo Serrano

CARTA DEL DIRECTOR

Pablo Serrano


Queridos oncólogos

02/03/2025

Les escribo desde el más profundo respeto y admiración. Ojalá tarde mucho en conocerlos en primera persona, pero he vivido el cáncer muy de cerca, en mi familia y entre amigos, y sé que su labor va más allá de diagnósticos y tratamientos. Sé que ustedes no solo luchan contra la enfermedad, sino también contra el miedo, la incertidumbre y el dolor que esta genera.
En el Hospital de Ávila, su profesionalidad es reconocida por quienes han pasado por sus manos. He escuchado testimonios de rapidez, de atención exquisita, de humanidad en cada gesto. Habrá de todo, como en cualquier parte, pero lo que no se puede permitir es que se utilicen casos particulares para generalizar de forma injusta y, lo que es peor, con intereses políticos.
Recientemente, el debate político ha puesto el foco en ustedes, en su servicio, en su trabajo. Se ha tomado un caso concreto para criticar la Sanidad pública, como si fuera norma lo que es excepción. Se ha expuesto el dolor de una paciente para alimentar un discurso partidista. Y esto no se puede aceptar.
Es evidente que la gestión de los recursos sanitarios siempre es mejorable. Soy el primero en demandar mejoras sanitarias para Ávila, porque es una provincia que arrastra un déficit desde hace muchos años. Nadie duda de la importancia de contar con medios adecuados, con tiempos de respuesta ágiles, con diagnósticos y tratamientos precoces. Ni se cuestionan los derechos de los pacientes. Pero hay formas y formas de hacer una crítica constructiva. Lo que no se puede tolerar es la utilización mezquina del dolor ajeno con el fin de golpear al adversario político.
La Junta, cuya gestión sanitaria es mejorable en muchos aspectos, ha recordado que el servicio de oncología del Hospital de Ávila es referencial, sin listas de espera y con una calidad asistencial avalada por los propios pacientes. Es justo reconocerlo, porque el trabajo de los oncólogos, las enfermeras, auxiliares y el personal de servicios de la especialidad, merece respeto, no manipulaciones. Como bien dice un amigo, su manera de trabajar y la calidad de su atención son simplemente brillantes.
Detrás de cada paciente hay una historia, una familia, un miedo comprensible. Y detrás de cada profesional hay horas de esfuerzo, de dedicación, de vocación por salvar vidas. No caigamos en la trampa de quienes buscan dividir, de quienes quieren sembrar desconfianza donde hay entrega y compromiso.
Por eso, queridos oncólogos, gracias. También quiero trasladar mi ánimo a todos los pacientes de cáncer, a quienes enfrentan esta enfermedad con valentía y esperanza. Gracias por estar ahí, por cuidar de quienes más lo necesitan, por afrontar día a día una lucha que es de todos. La mejor manera de apoyarlos no es con discursos incendiarios, sino con hechos: con recursos, con refuerzos cuando sean necesarios, con respeto y gratitud.
A ustedes, toda mi admiración. A quienes intentan sacar rédito político del sufrimiento ajeno, un mensaje claro: con la salud no se juega.