Un verano de cuento

M.M.G.
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Unos 200 niños de entre siete y 14 años pasarán este año por el Campus Urbano del Programa de Infancia, Juventud y Familia de Cáritas Diocesana de Ávila, que alcanza su séptima edición

Un verano de cuento - Foto: Isabel García

Todos los niños tienen derecho a pasar 'Un verano de cuento'. Lo saben bien los miembros de la gran familia del Programa de Infancia, Juventud y Familia de Cáritas Diocesana de Ávila, que precisamente han elegido el hilo conductor de los cuentos para la séptima edición de su Campus Urbano, una actividad por la que a lo largo de las nueve semanas de duración del mismo pasarán unos 200 chavales a los que Cáritas «acompañará desde su educación en valores en el ocio y el tiempo libre».

Dos centenares , pues, de niños y niñas de entre siete y 14 años que encuentran en este particular campamento de verano un lugar en el que disfrutar de su tiempo libre entre amigos mientras que sus familias cuentan con una herramienta estupenda para ayudar a conciliar la vida familiar con la laboral.

«Se trata de una alternativa de ocio saludable», comienza a explicar QuintínGarcía, responsable del Programa de Infancia, Juventud y Familia de Cáritas.Por su amplia experiencia al frente del mismo sabe que en este campus urbano los chicos cuentan con un «espacio de ocio seguro» en el que pueden disfrutar «de su merecido descanso».

Cada día de lunes a viernes, los niños se unen al grupo para practicar deportes, hacer manualidades, darse baños en la piscina y hacer excursiones. Y también, aunque no es, ni mucho menos, el principal objetivo del campamento, para repasar algunas materias del colegio y mantener activo, por ejemplo, él hábito de la lectura.

Eso lo hacen al comenzar cada día, en los salones parroquiales de San José Obrero. Cuentan con la ayuda de los monitores del campus.Algunos, chicos y chicas en prácticas tras realizar el curso de Monitor Juvenil. Y otros, antiguos usuarios del campus que han decidido mantenerse en contacto con el programa de esta manera.

Es el caso de Derek Blázquez, que pierde su timidez cuando se sienta con los chicos a la mesa para hacer alguna tarea. O cuando empieza una partida de futbolín con los niños, que 'se pegan' por ir en su equipo. «Éste es mi primer año como voluntario, y estoy aquí porque siempre me ha gustado ayudar a los niños», cuenta este joven de apenas 16 años que disfruta en cualquier de las tareas que le encomienden, ya sea preparando los almuerzos o diseñando una gymkana. «A mí esto me aporta mucha diversión, aunque pueda parecer un trabajo», prosigue hablando Derek, que encuentra también como muy positivo el hecho de poder seguir estando en contacto con los valores que Cáritas Diocesana imprime en todas sus actividades.

«La verdad es que la labor de los voluntarios es imprescindible», tiene muy claro Quintín, para el que «la labor de Cáritas no se entendería sin el compromiso y la implicación de las personas voluntarias».

Este año el programa cuenta con ocho jóvenes voluntarios. «El voluntariado también enriquece a la persona», se muestra convencidoQuintín, contento con la gran demanda de chicos que este año han querido dar ese paso al frente.

Hablamos de jóvenes comoDerek, Rodrigo o Alba, que este miércoles ayudaban a los niños que esta semana están en el campamento a fabricar simpáticos elefantes con botellas de plástico.

Aroa y Ainhoa, de once años, se esmeraban en dejar bien bonitos los suyos mientras nos contaban cómo se organia la semana. «Los martes y los jueves vamos a la pisci, y los viernes, de excursión», sonreían estas simpáticas hermanas gemelas que no podían decir qué actividad es su prefería. «Es que todos nos gusta», decían sobre un campamento que se desarrolla también en el local que Cáritas tiene en la calle Soria y para el que hay plazas disponibles para el mes de agosto. Para reservar plaza tan sólo hay que acercarse en horario de mañana al local o llamar a Cáritas Juventud.