En un mundo que respira a golpe de titular es complicado asimilar tanto amarillismo; y, peor, desentrañar alguna verdad entre tantas certezas, algo de realidad entre tantos medios plurales e independientes.
Han pasado cuatro meses y seguimos sin conocer algunas de las verdades de aquel fatídico 29 de octubre. Ayudaría mucho que, entre visita y visita oficial, actos civiles y religiosos, nos resolvieran las dudas pendientes. Estoy convencido de que nada consolaría más a las familias de las víctimas y facilitaría la tarea a quienes, llegado el momento, tengan que cubrirse con la venda y encontrar el fiel en la balanza. Si todo es tan nítido como quieren hacernos ver, pongan las cartas, todas, sobre la mesa.
Desde La Moraña, comarca de tierra adentro, vemos muy cercanas estas tragedias lo que, y es de agradecer, expone nuestra parte más humana y solidaria. Ardua tarea sería relatar todas las iniciativas públicas y privadas destinadas a ayudar a los municipios valencianos afectados por la DANA: instituciones, empresas, colegios, particulares…
En este maremágnum de idas y venidas nos hemos abstraído de otras "DANAS" que nos resultan más ajenas y, en consecuencia, no generan esa red de solidaridad y empatía con los afectados y sus familias.
Hay una "DANA" singularmente dramática que golpea año tras año a miles de personas: la inmigración. El pasado año 2024 alcanzó el maldito récord de víctimas en las costas atlántica y mediterránea: 10.457 vidas, 10.457 muertes.
Cada periplo, cada cayuco, cada naufragio ha ocupado sus minutos, escasos, en los medios. Y ya. ¿Dónde su familia, sus madres, sus hijos? ¿Dónde su tierra? ¿Dónde sus anhelos? Este es el resultado de las políticas de emigración, porque aquí también hay una alerta esperando a que sus señorías degusten sus banquetes de trabajo, sus postres, sus sobremesas, … y se decidan a pulsarla.
Entre tanto, patera tras patera, naufragan inundando el fondo del mar de cadáveres sin nombre, mientras permanecemos ajenos a una verdad dramática que hemos asumido como normal. Porque, ya se sabe, hay vidas de primera y de tercera; porque "primero los nuestros", porque "vienen a robarnos", porque "ellos se lo han buscado"… Una retahíla de despropósitos que no se sostienen, pero que sirven para lavar las conciencias desde la definición más literal de racismo y xenofobia.
Deberían, entendemos, resignarse a un destino que les marca el azar como negros y como pobres que son. Y estar callados, y no buscar una vida mejor como hicieron y hacen todos los pueblos del planeta cuando sufren la guerra, la pobreza, las dictaduras, el hambre… No cabe apelar a los Derechos Humanos; es su sino, tienen que aceptarlo.
En nuestra ciudad dejó esta frase el Sr. Aznar: "No hay que tratar a los compatriotas víctimas de la DANA como si fuesen extranjeros". Sin comentarios.
Es el mundo gélido, entumecido y deshumanizado que percibimos a la legua desde esta Moraña, una tierra que hasta el nombre heredó de aquellos pueblos que nos dejaron su legado y que hace siglos convivieron con más armonía que nosotros.
Malditas alambradas,
malditas fronteras;
malditas banderas empapadas en sangre,
malditas las guerras nutridas de hambre.