Si filosofía significa 'amor a la sabiduría', ¿qué espacio le queda a este milenario arte del pensamiento ahora que el saber está tan denostado?
Pues depende. Si lo vemos desde el punto de vista de la sociedad, probablemente la filosofía no es más que una colección de opiniones, pero si lo vemos desde el punto de vista de los filósofos, la filosofía sigue siendo un pensamiento crítico. Y esa es la clave: hacer crítica, hacer crítica y volver a hacer crítica, en su sentido constructivo, de la realidad.
Hasta hace no mucho tiempo disentir era algo lógico, incluso positivo porque abría nuevas vías de diálogo, pero ahora parece ser que eso de discrepar es casi un pecado.
Creo que en los términos que tú dices sí ocurre así. A veces tengo la sensación de que me juego mucho más ahora cuando opino de forma diferente a alguien, aunque yo procuro opinar poco, que lo que podía jugarme hace 30 ó 40 años, y esto como mínimo es lamentable.
¿La polarización que sufrimos ahora va en contra del espíritu de la filosofía?
Las cosas no son prácticamente nunca negro o blanco. Incluso en lo más estricto de la filosofía, como puede ser la lógica, sólo cuando hablamos de una única proposición, y que me perdone el lector por el tecnicismo, podemos decir que es verdadera o falsa. En el momento en que estamos combinando dos proposiciones ya nos salen 16 posibilidades, y si usamos tres o cuatro se multiplica enormemente. Quedándonos con 16, sólo dos son contradictorias, las otras 14 son distintas pero no contradictorias. Y eso en estricta lógica, no digamos nada cuando hablamos de otros temas.
¿Y qué ha ocurrido para que la discrepancia no sea la oportunidad para el diálogo que debe ser, sino algo así como un problema de convivencia?
Yo creo que ha habido un interés político y económico en que desaparezca el pensamiento crítico, y ante esa pretensión las cosas se intentan banalizar, no se enfocan desde un saber, sea el que sea, sino desde la mera opinión de quien dice algo. Y eso es un peligro enorme, para la filosofía y, sobre todo, para la sociedad.
Que de la enseñanza obligatoria se haya desterrado el saber clásico, las humanidades, ¿también ayuda a esa merma del pensamiento crítico?
Sin duda ninguna, y ahí también ha habido un fundamento político y económico, porque es como si pretendieran que no tuviéramos raíces, que no tuviéramos de dónde partir; en definitiva, como si estuviéramos en el aire y por tanto dependiéramos de ellos. La madurez consiste precisamente en no depender, en ser independientes de forma personal, y eso a muchos grupos políticos y económicos no les interesa ni lo más mínimo; al contrario, lo que quieren es manipular, y en esa aspiración cuanto menos formación tenga el ciudadano, cuanto menos sepa, mejor para ellos. El problema está en que no es mejor para los ciudadanos, pero casi nos han hecho creer que sí lo es.
¿Defender la ética es ahora mismo un trabajo épico?
Sí, defender la ética es un trabajo épico, y es así porque los grupos políticos y económicos admiten que haya, como mucho, una moral, no una ética. Por supuesto, hay determinadas ideologías que niegan la posibilidad de la ética, y eso ha ocurrido desde hace siglos (por ejemplo, cuando Sócrates creó la ética se encontró con un ambiente completamente hostil a ella porque no se podía aceptar que la razón entrara en ese terreno), y ha seguido ocurriendo que ha habido dirigentes que han considerado que buscar la ética era un intento intelectual por entrar en un ámbito en el que no se debía entrar.
A pesar de eso, los filósofos siempre han intentado encontrar algún principio racional a partir del cual hacer indicaciones para la vida, no pretendían más, pero surgieron ideologías que lo rechazaban por completo porque sabían que si la razón entraba en ese ámbito perderían cualquier tipo de apoyo… por mucho que alguna de ellas se presentase ante el público como científica. Lo que tenemos que hacer ahora es recuperar el terreno perdido y atrevernos a volver a plantear cuestiones éticas, no morales sino éticas, es decir, desde la razón.
Hace no mucho tiempo las personas ignorantes casi que se avergonzaban de serlo, pero ahora sacan pecho y hasta se vanaglorian, ¿qué ha ocurrido para ese cambio?
No alcanzo a saber tanto, pero sí veo esa realidad y me preocupa. Ahora voy a echarme la culpa a mí o a mis colegas como profesores, porque, a lo mejor, que eso ocurra tiene que ver con que la educación que hemos dado no era lo suficientemente sólida, y al dar enseñanzas que no eran suficientemente sólidas se ha dado la impresión de que no eran tales saberes.
Alguna culpa más habrá, no sé, ¿intereses económicos?
Es posible que haya muchos elementos de la sociedad que han contribuido a que eso ocurra, no solamente es culpa de los políticos, ya que es cierto que hay fuertes intereses económicos que han contribuido a que eso ocurra.
Otra cosa que parece evidente es que conocer la verdad es cada vez más difícil.
Cierto, y eso puede ser no solamente porque nos la nieguen sino también porque no sabemos buscarla bien. La verdad tiene que ser siempre un objetivo filosófico, otra cosa muy distinta es que se consiga, y ahí cuenta un poco la actitud, la manera de enfrentare a los problemas.
¿Nos ha ganado la postverdad?
El movimiento ese que se llamó de la postverdad no renunciaba a la verdad, lo que pasa es que la ponía entre paréntesis porque las explicaciones globales habían entrado todas en crisis y por tanto dejaban mucho que desear. Nosotros podemos ir en contra de las explicaciones globales pero podemos dar explicaciones parciales y podemos dar explicaciones que no sean definitivas. Es decir, que estén abiertas a la crítica permanente y que, por tanto, puedan ser corregidas.
Meter la verdad entre paréntesis puede ser metodológicamente interesante, pero el resultado final diríamos que no es muy deseable, y a la vista están los resultados que esa práctica ha dado.
Será que la estulticia tiene muchas menos dudas que la inteligencia y por eso no para de crecer.
Eso ocurre ahora, pero también ha ocurrido siempre y creo que seguirá sucediendo. Uno se atreve más, y me incluyo en ello, cuanto más ignora. Yo suelo decir que no sé nada de chino, y por tanto todo lo que yo diga sobre el chino, incluido esto mismo, es un atrevimiento. Pero que la ignorancia es muy atrevida es una realidad general.
Conocido este mal camino andado en los últimos años, ¿vamos a cambiar de rumbo para bien o seguiremos la misma senda equivocada?
Yo creo que vamos a mejorar, y lo digo esencialmente porque me cuesta trabajo pensar que vamos a empeorar. En ese sentido yo quiero ser optimista, pero ocurre que la experiencia de los últimos años me dice lo contrario. Me dice que cuando uno pensaba que algo importante no iba a empeorar, ha empeorado. Pero, quizás pecando de optimismo, esperemos haber llegado al tope y que ahora podamos recuperar lo que hemos perdido. Me mantengo en un cierto optimismo con dudas notables.