Unas vacaciones por España en el año 2008 marcaron un punto de inflexión en la vida del argentino Nicolás Mc Loughlin. Durante aquel viaje junto a su entonces pareja Bárbara (que hace unos meses ya protagonizó esta contraportada) recorrieron la mayor parte del territorio español y, de todos los lugares que conocieron, el que más les cautivó fue Ávila. Una ciudad que, poco tiempo después, acabaron convirtiendo en su hogar.
En aquella visita conocieron la ciudad amurallada en todo su esplendor: silenciosa, tranquila y rodeada de nieve (era invierno). «Fue cruzar la Muralla y ver a la gente paseando tranquila. Parecía que la ciudad estaba parada en el tiempo, en una realidad paralela. Entre la nieve y las construcciones medievales parecía sacada de un cuento», comenta Nicolás, que estaba acostumbrado al ajetreo de Buenos Aires. Ese recuerdo se le quedó en la mente y, en un momento que estaba buscando un cambio de vida, le volvió con la idea de Ávila era el lugar idóneo para vivir.
Nicolás viajó a España en junio de 2010 (en pleno Mundial de imborrable recuerdo) para buscarse la vida. Al poco tiempo encontró empleo en la funeraria de Antonio Álvarez, donde trabajó durante más de un lustro. Este fue el gancho para que, posteriormente, le acompañara Bárbara y aquí nació su hija en común: Cayetana (en la actualidad están separados, pero su relación es muy buena). Desde el primer momento, Nicolás desmintió ese estereotipo que tenemos los abulenses (y los castellanos en general) de que somos gente muy cerrada. «El abulense, en general, es una persona noble y seria, formal. En el día a día, se hace muy fácil la vida aquí», afirma. Eso, unido a la calidad de vida abulense, provoca que no se plantee marcharse, ni mucho menos, regresar a Argentina.
Y eso que allí todavía residen sus padres y una hermana. Sin embargo, el hecho de que sus progenitores vengan tan a menudo a España (en Madrid reside otro hermano de Nicolás) provoca que el vínculo con su país natal sea cada vez menor. «La música te hace ser más esclavo de las temporadas. Me divierte la idea de viajar a Argentina en fechas fuera del verano, pero siempre lo acabo posponiendo», comenta.
Porque aún no he comentado que Nicolás abandonó su labor en Antonio Álvarez para dedicarse a su sueño: la música. En la actualidad es profesor de clases particulares de guitarra a un grupo de unos 25-30 alumnos y, al mismo tiempo, es guitarrista del grupo La Gramola junto a Nacho Ingelmo (vocalista) y David García (guitarrista). El repertorio de este trío musical son versiones de grupos de rock tan conocidos del panorama nacional como Fito, Extremoduro u Hombres G. El origen de esta banda abulense se encuentra en la antigua formación Giromazo (nacido en San Bartolomé de Pinares), con quien Nicolás llegó a actuar como telonero de Rosendo o Medina Azahara.
Nicolás Mc Loughlin vive feliz desde hace 15 años en Ávila gracias a su hija, su trabajo y su música. «Si me dicen hace 20 años que me iba a dedicar a lo que me gustaba y que iba a ser rentable, hubiera firmado al momento», concluye. Una decisión que transformó su vida para bien y que no tiene pinta de que vaya a cambiar por nada del mundo.