Millones de españoles estamos franca y profundamente preocupados por el deterioro democrático que se está produciendo en nuestro país.
A la par, cientos de miles de votantes socialistas se llevan las manos a la cabeza por el sometimiento democrático que ha traído Pedro Sánchez al PSOE.
Entre esos españoles, los del primer y segundo apartado, se encuentran nada menos que Felipe González, que trajo la socialdemocracia a España, Alfonso Guerra, Nicolás Redondo y otros cientos, miles, de socialistas.
Conviene destacar, como primera reflexión trasladable a los lectores, –toda vez que Pedro Sánchez lo ha introducido en la sociedad como elemento de contraste político en aras de obtener de ello beneficios personales y de partido–, que es ruin y miserable tratar de 'revivir' a Franco, muerto en su cama hará 50 años el día 20 de noviembre de éste año, toda vez que solamente busca reabrir heridas que fueron cerradas en firme y definitivamente por quienes estaban legitimados para ello, sobre todo los que sufrieron la Guerra Civil, lo que tuvo lugar a través de una Constitución consensuada y votada libre y democráticamente. A la par, resulta que Franco, era solo él, detrás suyo no había un partido, ni quiera la Falange. Sin embargo, detrás de Sánchez existe un partido histórico como es el PSOE, que no debería prestarse a tamaño retroceso democrático.
Miren, los que tenemos conocimiento directo en lo acontecido en España en los últimos tiempos de Franco y, sobre todo, a raíz de su muerte, con especial referencia a la Transición, tenemos la obligación de destacar constantemente y transmitir a quienes no vivieron esa etapa fundamental de la reciente historia de España, que a ningún demócrata se le pasaba entonces por la cabeza llamar «fascista» a otro demócrata. Había dignidad y respeto. Solo un mal bicho, o un idiota, esto es, un «tonto, o corto de entendimiento"», como define la RAE, se puede atrever a ofender a un demócrata llamándole «fascista». En España, la inmensa mayoría somos demócratas, cada cual con sus ideas, solo faltaría. De ahí, que estar llamando constantemente «fascistas» a millones de españoles es una clara muestra de involución democrática.
En aquellos tiempos de la historia de España, muerto Franco, y en los siguientes años, hasta que llegó Zapatero; y, especialmente, cuando apareció Sánchez, el diálogo y los consensos entre la izquierda y la derecha era algo que no se ponía en tela de juicio. Si Adolfo Suárez, partiendo de la decisión del Rey Juan Carlos I de implantar una Monarquía Parlamentaria no hubiera dado pie al diálogo y al consenso, y Felipe González, en nombre del PSOE, y Santiago Carrillo, en nombre del Partido Comunista, así como también dirigentes de otros Partidos, no hubieran favorecido el diálogo y el consenso, los derroteros de éste País habrían sido desastrosos; y, sin embargo, lo hecho figura en la Historia como un logro.
Sin embargo, Sánchez y su Sanchismo han roto aquel diálogo y consenso. El 'muro', el 'no es no', representan la mayor de las involuciones democráticas porque afecta a lo más básico de un estado de derecho ya que impide que los ciudadanos podamos hablar y alcanzar acuerdos. La ciudadanía se encuentra representada por los partidos y los políticos y si un partido como el PSOE cierra toda vía de diálogo y acuerdo con el partido mayoritario de la oposición, con el Partido Popular, ello se traslada ineludiblemente a toda la sociedad.
Ni que decir tiene, que sobre ese pilar imprescindible que representa la ineludible necesidad de diálogo y acuerdo entre los partidos mayoritarios, roto por el Sanchismo, se asientan otros muchos elementos involucionistas: Un Tribunal Constitucional convertido en órgano político de la manos de su presidente y de la tropa que le acompaña, un fiscal general que es el fiscal del sanchismo, en lugar de ser el garante de la legalidad, unas instituciones y organismos colonizados y plegados a los intereses de quien ostenta el Poder, sin contrapeso alguno, son datos que evidencian la involución antidemocrática.
También, por descontado, muchas de las leyes que se vienen aprobando, y otras que se apuntan se aprobarán, apuntalan la evidencia de involución, ya que todas esas leyes buscan únicamente el mantenimiento en el Poder, la eliminación de los contrapesos, la destrucción, en suma, del estado democrático.
La aprobación de una Ley de Amnistía 'ad hoc' para quienes violentaron la Constitución y la democracia porque con sus votos se logró el poder y se consigue su perpetuación, supone una quiebra del incuestionable derecho fundamental de igualdad de todos los españoles, y por ende una involución; otro tanto sucede con la aprobación de leyes y medidas que conceden privilegios a determinados territorios, también por la razón de obtener el poder y mantenerse en él, en detrimento de otros territorios, quiebra el derecho a la igualdad y por lo tanto supone una involución; la voluntad de aprobar una Ley que elimine o, en cualquier caso, haga desaparecer en la práctica a las acusaciones particulares, alma mater de un estado democrático activo y vivo, lo que se hará para evitar que se cuestione y critique al poder, es un paso atrás en nuestro estado de Derecho de impredecibles consecuencias.
El ataque constante y despiadado a la Justicia, a sus Instituciones y a sus miembros, puesto en marcha por Pedro Sánchez, y su sanchismo, nos lleva a la más desastrosa de las situaciones. El debilitamiento y pérdida de confianza en la justicia, creada como tercer poder para ser garante de que el Ejecutivo y el Legislativo no se extralimiten en sus funciones, es la prueba más concluyente de que hemos involucionado.
Toda involución democrática, ténganlo presente, no es algo que concierna únicamente a los partidos o a los políticos; al contrario, concierne a todos los Ciudadanos, uno a uno.
PD: No se olviden, por favor, de la corrupción.