"Ávila me ha dado mi familia y mi profesión"

Mayte Rodríguez
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Hoy charlamos con Javier Romo, nuevo portavoz de la Comisaría de Policía de Ávila y delegado de participación ciudadana

"Ávila me ha dado mi familia y mi profesión" - Foto: Isabel García

A Javier Romo (Salamanca, 1982) los reyes magos le trajeron una nueva responsabilidad en la Comisaría de Policía de Ávila, donde desde las primeras semanas  de este año desempeña el cargo de delegado de participación ciudadana y portavoz. Pese a  estar todavía tomándole la medida a esta nueva tarea ya tiene claro que de ella le gusta «todo», en especial las charlas centradas en la prevención de distintos tipos de delitos que imparte a los alumnos de colegios e institutos abulenses (ciberacoso, drogas, etc). Además, él es el rostro y la voz de la Comisaría de Policía Nacional ante los medios de comunicación y aquí ha descubierto la magia de la radio a través de secciones fijas en emisoras como Onda Cero Ávila, espacios en los que él informa a la población sobre distintos tipos de delitos para tratar de evitar que los ciudadanos acaben siendo víctimas de ellos. «La radio me parece fascinante», confiesa. Recién aterrizado, la entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad de Ávila a la Policía Nacional, que tuvo lugar esta misma semana, ha supuesto una carga de trabajo extraordinaria para él, pero asegura que esa otra labor más anónima, centrada en estar pendiente de muchos detalles también le resulta satisfactoria. 

A lo largo de la conversación, Javier Romo atribuye a «casualidades de la vida» muchos de los giros que ha ido dando la suya. Él estudió Electrónica siguiendo la tradición familiar y cuando trabajaba en una gran superficie comercial, en el departamento de electrodomésticos e informática, coincidió con un compañero que estaba opositando para entrar en la Escuela de Policía de Ávila. Así fue como empezó a familiarizarse con los requisitos, la preparación que realizan los aspirantes a convertirse en agentes de Policía Nacional y las distintas unidades. 

Justo en la misma época conoció a quien hoy es su mujer, una joven abulense que, como tantas, se trasladó a Salamanca para iniciar sus estudios universitarios. «Ella era de Ávila, la Escuela de Policía también estaba allí y su intención era intentar ser inspectora cuando terminara la carrera en Salamanca, así que acabó animándome a intentar entrar» en la academia después de unos «años muy divertidos en Salamanca porque cuando nos conocimos ella estaba en primero de Trabajo Social», rememora Javier aquellos inicios que acabarían marcando sus pasos. Él entonces no lo sabía, pero hoy llega a una conclusión: «Ávila me dio dos cosas muy importantes: mi familia y mi profesión», subraya.

"Ávila me ha dado mi familia y mi profesión" - Foto: Isabel GarcíaFue en el año 2009 cuando logró aprobar la oposición para entrar en la Escuela Nacional de Policía, cuyas prácticas realizó en Valencia, donde permaneció un tiempo como agente. 

Con más de quince años de trayectoria profesional, diez de ellos destinado en Madrid, Javier Romo prestó servicio  en unidades de seguridad ciudadana (las patrullas que hacen vigilancia a pie de calle), época de la que guarda en la memoria un sinfín de anécdotas porque a él le encanta «el contacto con el ciudadano», destaca. En ese tipo de tareas se acumulan historias de todo tipo, «buenas y malas», pero él prefiere quedarse con las primeras. «He intervenido en varios incendios, por ejemplo, recuerdo sacar a una señora mayor de un incendio junto a un compañero cuando estaba de prácticas, en esos momentos en los que tu obsesión es salvar a la persona, casi sin pensar en tu propia seguridad», confiesa.  «La seguridad ciudadana es el primer eslabón de la cadena de la Policía, los  que aparecen en el lugar en cuanto la gente llama pidiendo ayuda y después ya llegan los demás, las unidades especializadas», detalla. «Precisamente por esa cercanía, las patrullas de seguridad ciudadana son también la imagen de la Policía», argumenta. «A veces la gente se tranquiliza solo con ver el uniforme, en ocasiones nos llaman pidiendo ayuda y al llegar allí te das cuenta de que solo necesitan una conversación y un consejo», asegura. 

Nuestro protagonista de hoy también estuvo destinado en las Unidades de Intervención Policial, «lo que todo el mundo conoce como antidisturbios», apunta. «Al pensar en estas unidades todo el mundo las identifica con las manifestaciones multitudinarias, pero también se interviene en macroconciertos, en partidos de fútbol importantes como finales de Copa de Europa, en operaciones antidroga, etc».

Después de un tiempo en Barcelona tras ascender a oficial, donde estuvo destinado en un grupo de Extranjería, regresó a Madrid, donde le ofrecieron volver a las Unidades de Intervención Policial, pero para entonces ya había nacido su primera hija, así es que priorizó las nuevas responsabilidades y decidió que había llegado el momento de optar por «un trabajo en la Policía que tuviera un horario fijo para poder compatibilizarlo con la paternidad porque no teníamos familia en Madrid y eso lo complicaba todo», explica. La llegada de su segunda hija solo 19 meses después acabó «desbordando» la organización familiar y el resultado fue  intentar mudarse a Ávila. «Está a medio camino entre Madrid y Salamanca, yo podría ir y venir al trabajo, ...», rememora el planteamiento que él y su pareja se hicieron entonces y que acabaron materializando porque vendieron su piso madrileño y se trasladaron a Ávila, en busca del apoyo logístico de sus suegros y también el calor del  hogar familiar, tan importante durante la época de crianza. 

Finalmente las idas y venidas a Madrid  no fueron necesarias porque salió una plaza en la Comisaría de Policía de Segovia y le fue adjudicada.  «Igual que Ávila, es una ciudad tranquila, con delitos similares, principalmente carteristas que roban a los turistas», apunta. Tras cinco años en la ciudad del acueducto, trabajando como subinspector, Javier Romo acabó recalando en la Comisaría de Ávila, donde como ya mencionábamos es el nuevo portavoz y delegado de participación ciudadana, una figura que desde su punto de vista irá teniendo una proyección mayor dentro de la Policía Nacional. «Tenemos que estar cerca del ciudadano, ya no es una policía represiva, sino que la ciudadanía tiene que vernos como a alguien cercano y una forma de conseguirlo es a través de las charlas que damos a los chavales en los institutos, en las que procuramos adaptarnos a su lenguaje, que nos vean próximos a ellos».

Aparte de las satisfacciones de su nueva responsabilidad, Javier Romo está encantado en la ciudad de Ávila, donde sus hijas (Jimena y Vega, una con nombre abulense y la otra salmantino) tienen contacto diario con sus abuelos, igual que él lo tuvo con los suyos en su infancia en Salamanca. «Yo jugué mucho en la calle de niño, fuí muy feliz jugando a las canicas y al fútbol con mis amigos y yo quería que, en la medida de lo posible, mis hijas se criaran así y que fueran a casa de sus abuelos a merendar, igual que yo hacía, eso en Madrid era imposible, pero en Ávila lo estamos consiguiendo», destaca, satisfecho. 

También confiesa que a él le da «paz ir por la calle y ver caras conocidas, algo impensable en Madrid, donde todo es tan impersonal», reflexiona.