Diego Paredes (21 de diciembre de 1992) nació en Venezuela pero está plenamente integrado en España y, más concretamente, en Ávila. Aquí se siente «contento» y percibe que, si se queda en esta ciudad, será «feliz». Por eso defiende que «emigrar, o en este caso vivir en Ávila, no es solamente nacer aquí, sino también construirla» y añade que «emigrar y el futuro que uno tiene con inmigrante no es solo buscar esa adaptación, sino también aportar, sumar y construir esa integración porque al final uno forma parte de una comunidad». De ahí su agradecimiento a una Ávila que le abrió sus puertas y su intención «de devolver algo aportando, sumando y construyendo».
Esa es su idea de presente y futuro pero su pasado se remonta a su niñez en Venezuela, en Maracaibo, donde pasó los diez primeros años de su vida. Luego «por situaciones familiares, y tal vez políticas», cuando tenía unos diez años se fue con su madre a la «Valencia de Venezuela», donde siguió sus estudios e incluso comenzó una carrera universitaria. Pero «fue un fracaso absoluto porque no era lo que me gustaba», explica, y fue entonces cuando realmente tuvo que tomar una decisión sobre qué hacía con su vida. Y como siempre ha «tenido un cariño muy especial a España» decidió venir. Al fin y al cabo, como él dice, no es «español por parte de madre ni de padre» pero sí «por nacionalidad y residencia» y de ello está «orgulloso».
En ese momento clave en su vida habló con su madre y decidió venir a España pero hacerlo para estudiar en la universidad. Eso supuso tener que prepararse para la entonces denominada Selectividad, que fue el paso para terminar en Madrid y estudiar Antropología Social y Cultural, carrera en la que se graduó.
Su siguiente parada, en septiembre de 2021, fue Ávila, donde llegó por temas «profesionales y circunstanciales» y donde ya lleva más de cuatro años. La oportunidad llegó en la Fundación Tatiana, para cubrir una baja, un trabajo al que accedió a través de Linkedin, donde sus palabras clave para la búsqueda de empleo eran emprendimiento, educación y cultura. Tres temas «fundamentales» en su vida y que le llevaron a su trabajo actual como técnico de programas de emprendimiento, educación y cultura en la Fundación. Eso quiere decir que su trabajo consiste en la gestión de programas y proyectos, específicamente con el programa de emprendimiento que ya ha llegado a su novena edición y que se sigue expandiendo, de manera que se ayuda no solo a proyectos de Ávila sino de Madrid, Extremadura y Castilla yLeón. Es un «apoyo al ecosistema emprendedor», que pasa por sus manos.
En cuanto a su adaptación a Ávila, destaca que tuvo «la fortuna de tener los mejores anfitriones que esta ciudad puede ofrecer», como son sus compañeros Daniel y Raquel en la fundación, lo que le dio la oportunidad de integrarse y que fuera todo más «rápido y fácil». También tiene que ver en eso ese «ecosistema» en el que se mueve, el del tejido empresarial, lo que hace que «esta integración haya sido fácil y fluida» .
Eso no evita que eche de menos algunas cosas de Venezuela, donde no ha vuelto desde 2013, entre ellas el clima y, como él dice, «el país con mayúsculas», un país que siente «que lamentablemente no va a volver». Una «situación delicada» para la que «hay que tener un caparazón para poder continuar la vida».