Hay temas que cansan porque se repiten sin que nada cambie. Y el del tren entre Ávila y Madrid es uno de ellos. Llevamos más de veinte años escuchando anuncios, planes, estudios y promesas que acaban en nada. Mientras tanto, seguimos subiéndonos a trenes que tardan casi dos horas en recorrer poco más de 120 kilómetros. En pleno 2025. Como si el tiempo no pasara por aquí. Los más veteranos recordarán que el primer proyecto de alta velocidad para Ávila se presentó en 2001, con un gobierno del Partido Popular. En 2010, fue el turno del PSOE, que retomó la idea con otro planteamiento. Es decir, que la necesidad era y es tan evidente que distintos gobiernos, de distinto color, la vieron clara. El problema es que ninguno la hizo realidad. Y mientras tanto, las oportunidades pasaban de largo, como un tren que no se detiene.
Esta situación ha llevado a la ciudadanía abulense a alzar la voz en más de una ocasión. En noviembre de 2021, unas 4.000 personas salieron a la calle para exigir, simplemente, un tren del siglo XXI. Aquella manifestación reunió a vecinos, sindicatos, empresarios y representantes políticos (todos menos el PSOE, que ocupaba el gobierno central), y fue un grito común. Un grito que, por lo visto, cayó en saco roto. Quizá ha llegado el momento de volver a salir, esta vez con más fuerza, o al menos alzar la voz con la convicción de que solo se consigue lo que se pelea. Porque la paciencia de Ávila tiene un límite.
Hoy, la línea Ávila-Madrid es un reflejo de ese abandono. Hay 16 limitaciones temporales de velocidad –algunas desde 2018– en apenas 58 kilómetros. En algunos tramos se circula a 30 por hora. El trazado es antiguo, de los años 60 del siglo pasado, lleno de curvas, y compartir vía con los Cercanías madrileños no ayuda. Hay trenes que se ven obligados a ir a paso de tortuga por pura falta de coordinación.
Y sin embargo, no hablamos de una solución imposible. Arreglar esos tramos y ajustar los horarios permitiría ahorrar hasta 20 minutos de viaje. Con una inversión razonable en el tramo más conflictivo, entre Herradón y Santa María de la Alameda, se podría ir aún más lejos. No se trata de inventar la rueda. Se trata de voluntad.
Esta línea es vital para quienes van a trabajar o estudiar a Madrid, para el turismo, para atraer empresas. No hablamos de un capricho, sino de justicia territorial y desarrollo equitativo entre territorios.
Ávila no puede seguir esperando. Merecemos un tren moderno, eficiente, digno. Basta de estudios que se quedan en los cajones, de promesas sin fecha, de excusas. Ya es hora de que alguien coja el toro por los cuernos y mire de verdad al futuro. Si algo ha quedado claro en estas dos décadas es que del pasado ya no se vive. Y el presente, con trenes de media distancia que parecen de otra época, se nos está haciendo demasiado largo.