«Europa parece no enterarse de que está apartada»

David Casillas
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Robert Gavin presentó en Letras el libro 'El cuarto poder', en el cual alerta sobre un cambio geopolítico que está rompiendo el equilibrio en el que Occidente tenía el peso principal

«Europa parece no enterarse de que está apartada»

Robert Gavin, escritor y abogado irlandés, presentó en Librería Letras la novela El cuarto poder, una obra de ficción muy apegada a una realidad internacional que su autor ha «conocido de primera mano» visitando varios países del mundo y que, comentó, puede resumirse en que el equilibrio geopolítico que el mundo lleva viviendo en las últimas décadas está a punto de romperse definitivamente, con consecuencias nada halagüeñas para «una Europa que parece no enterarse de esa realidad que la aparta de las decisiones mundiales».

Ese título de 'el cuarto poder', que bien sabe Gavin que siempre ha servido para definir a los medios de comunicación como 'vigilantes' de los gobiernos, tiene «en esta novela un nuevo sentido, el de que en el mundo de la geopolítica hay destacados poderes mundiales por todos conocidos, como son Estados Unidos y Rusia, pero además hay otros quizás igual de poderosos, y en el mundo occidental no estamos organizados en ningún sentido para proteger nuestros intereses; aunque en teoría el mundo funciona desde hace muchos años según unos equilibrios asumidos y ordenados, cada vez somos víctimas de intereses más grandes y desconocidos que practican unos contrapoderes que mandan mucho más de lo que pensamos».

Robert Gavin, conocido también por ser cuñado de la reina Leticia y cuya primera novela desvela ahora un preocupante carácter premonitorio (de título Credo, publicada hace veinte años, mostraba un Estados Unidos en el que el Partido Republicano se deshacía en manos de un presidente de espíritu fascista que gobernaba con el miedo y la constante alarma como aliados), explicó que ese cambio en el orden geopolítico mundial lo ha conocido él en primera persona «estando fuera de Europa mucho tiempo, viajando por esos países del mundo conocidos como BRICS –grupo que comenzó estando formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica y que ya reúne a todos los representantes de políticas económicas emergentes con un gran potencial de crecimiento–, que están organizándose entre ellos y que saben que son más fuertes y más poderosos económica y políticamente que antes; es decir, que son conscientes de que tienen mucha capacidad de influencia para cambiar ese orden internacional a su favor».

Muy importante, siguió, es tomar conciencia de que «esos países BRICS ya no son emergentes porque en realidad han llegado a donde querían, son de momento la mitad de la población y hay otros 53 países esperando en una cola para entrar, con lo cual su poder es enorme y creciente; en Europa pensamos en el G7 como el grupo de los países poderosos, pero la verdad es que no son tan poderosos como antes aunque algunos quieran seguir creyéndolo, o haciéndolo creer».

«Un cierto temor». Esa realidad de cambio urgente, de la que cree que los europeos somos menos conscientes que esos países «que consideran que nuestra presencia en ellos en el pasado no fue nada agradable para sus habitantes», hace ver a Gavin el futuro inmediato «con un cierto temor», que sabe que «es compartido por otras muchas personas con las que hablado de este tema, y también por agencias que trabajan en la sombra, como la CIA, el MI6 británico o la Inteligencia Militar China», en el sentido de que «si esto no cambia es inminente un nuevo orden mundial con más inseguridad que significará un gran cambio de nuestra vida, derivado de pasar de un mundo unipolar a uno multipolar».

Y mientras esos países BRICS se mueven con rapidez y eficacia para reivindicar un sitio propio en la economía y la política mundial, siguió comentando Gavin, «en Europa no parecemos capaces de identificar lo que va a pasar ni lo mucho que nos va a afectar», convencimiento con un punto de alarma que fue el que «me llevó a escribir esta novela de ficción, con una gran carga de realidad, para al menos compartir mis ideas y lo que he visto y lo que he oído en varios países del mundo».

En este nuevo orden mundial que se está armando, con un enorme peso de la economía como definidora de decisiones, la parte del mundo que va a «salir peor parada seguramente sea Europa, o sea, nosotros», un temor que justifica preguntándose que «¿en realidad que tenemos en Europa para enfrentarnos al futuro?» y contestando que «muy poco, porque hemos externalizado nuestra seguridad a los americanos, nuestra producción a los chinos y nuestras necesidades energéticas a los rusos. ¿Qué producimos en Europa, qué inventamos en Europa, en qué somos líderes?...».

Ahora mismo, insistió en esa misma línea, «en Europa, como ignorantes de ese cambio geopolítico mundial, estamos muy enfocados en cosas internas, país por país, no en el conjunto mundial; tenemos líderes que no son producto de elecciones democráticas, con equipos formados por políticos que han fallado en su propio país y que, irónicamente, llegan a tener el control de 500 millones de personas. Es como un Wonderland, lo que se llama en inglés democratic deficit, como que hay un espacio muy grande entre lo que quieres tú como votante y lo que llega en los discursos de los que dirigen desde Bruselas».

Ante todo ello, y con el imperialismo de Trump desbocado, la única manera de Europa de luchar para no quedar definitivamente desubicada en el mundo «es informarnos, identificar que tenemos un serio problema, que no es otro que nuestra ignorancia de las cosas que ocurren fuera de Europa. No sé por qué en una época de mucha información seguimos muy mal informados, pero si lees mi libro  al final tendrás muchas preguntas pero también el conocimiento de muchas cosas que no vas a leer en la prensa, en la que no sé porque hay un filtro tan activo para que la información real no nos llegue».