Nada más publicarse en 2022 la novela Mickey 7, de Edward Ashton (que en España ha publicado este mismo año el sello de Planeta Minotauro), comenzó una carrera bastante acelerada por hacerse con sus derechos cinematográficos en la que Warner salió triunfadora, y solo 3 años después su adaptación al cine ha llegado a nuestras pantallas. Un logro muy notable para una industria en general bastante más lenta, y que puede invertir lustros o décadas en operaciones de este tipo.
Si a todo esto le sumamos que "Mickey 17", la película que traslada esta novela que tiene su simiente en un relato corto, tiene tras las cámaras a Bong Joon-ho, el director de la oscarizada "Parásitos" (también Palma de oro en Cannes), el caramelo se hace irresistible resultando muy complicado no asomarse a esta fábula de ciencia ficción cargada de sátira y dotada de una cierta originalidad, algo siempre muy atractivo en estos tiempos de copy-paste que imperan en Hollywood.
El resultado de toda esta operación es una película multilateral, que tan pronto arroja dilemas morales y sociales al espectador como claudica ante la comedia negra con situaciones y soluciones que rozan (o colisionan frontalmente) con la parodia, muy en la línea de otros trabajos del director como la interesantísima "Okja" o la formidable "Snowpiercer", una de las distopías más potentes y sólidas de la década pasada. Porque "Mickey 17" toca muchos palos y en su espíritu burlón evoca con fuerza a la novela "Las brigadas del espacio" de Robert A. Heinlein (que llevó al cine Paul Verhoeven en 1.997), aunque prefiere desplazar la sátira de lo militar a lo social, dibujando una suerte de colectivo que elige explorar el espacio para fundar con mucha libertad una sociedad a caballo entre el fascismo y lo sectario con un líder que podría entablar con mucha facilidad un diálogo con Trump, aunque resultará mucho más divertido para el espectador buscar similitudes con Elon Musk. Con todo, un verdadero show que bebe mucho de lo pulp y de la ficción de viñeta que construye y deconstruye de manera constante el arsenal de ideas, críticas y reflexiones que habitan en su trama, especialmente en el terreno de la clonación, recuperando aspectos éticos ya transitados en el género a la vez que explora con acierto otros menos usuales como los jurídicos.
Y para insuflar la energía necesaria para esta disfrutable locura, un Robert Pattinson con su solvencia habitual desde que David Cronenberg y su "Cosmpolis" (2012) lo liberasen por completo de la sombra de "Crepúsculo" (es curioso lo bien que han encarrilado sus carreras él y Kristen Stewart después de esta saga) y un divertidísimo Mark Ruffalo secundado por una también muy exagerada Toni Collete y la actriz francesa Anamaria Vartolomei, que conoció al realizador coreano en el Festival de Venecia, justo el año que éste presidía el Jurado que otorgaba el León de Oro a Mejor película a "El acontecimiento"(Audrey Diwan, 2021), película protagonizada precisamente por la actriz.
Lo que queda claro es que los caminos del señor son inescrutables, pero también lo es la deriva de "Mickey 17", un largometraje que podría ser perfectamente una nueva entrega de Black Mirror en su primera parte pero que cae con estudiada mala baba en la anarquía en su tramo final, quizá para subrayar aún más su espíritu de denuncia y de advertencia.