Este viernes 27 de marzo, en Madrid, falleció a los 98 años de edad Doña María del Pilar Silvela Jiménez-Arenas, una de las personas más queridas y reconocidas en la ciudad de Ávila. Su vida, marcada por el esfuerzo, la fe y el compromiso social, deja una profunda huella tanto en su familia como en el tejido empresarial y humano de la ciudad.
Nacida en una familia con profundas raíces en Ávila -su abuelo, César Jiménez-Arenas, fue alcalde y fundador del Banco Central y del Banco de Ávila-, Pilar heredó desde joven el espíritu de trabajo y servicio a la comunidad. Estudió Comercio e Intendencia Mercantil y viajó al extranjero para perfeccionar idiomas, formación poco común en mujeres de su generación.
En 1966, junto a su marido Santiago Barba Villaluenga, emprendió el camino empresarial en el sector inmobiliario. Aunque sus inicios fueron duros, con obstáculos desde la primera obra, la tenacidad del matrimonio y su visión de futuro los llevó a fundar el Grupo Barba, un conjunto de sociedades que han construido miles de viviendas en Ávila y otras provincias como Madrid y Segovia.
Tras la prematura muerte de su esposo en 1982, Pilar tomó las riendas del negocio familiar con admirable fortaleza, apoyada por sus hijos. Conocida por su lema «no hay veranos para ayudar a mi madre», implicó a toda su familia en la empresa, inculcando desde niños el valor del trabajo y el compromiso.
Además de su actividad inmobiliaria, Pilar impulsó otros proyectos como el restaurante Barbacana, referencia gastronómica en la ciudad.
Su preocupación por el empleo fue constante: llegó a dirigir un equipo de 170 personas, y en los momentos más duros de la crisis del sector, priorizó mantener los puestos de trabajo por encima de cualquier otra decisión.
A lo largo de su vida recibió diversos reconocimientos, como el Premio Gredos, el Cecale de Oro, el de Empresaria Abulense del Año y el Ximena Blázquez.
Devota y con una fe firme, Pilar fue también una mujer profundamente espiritual, aspecto esencial en su vida y que la sostuvo en los momentos difíciles.
Le sobreviven sus seis hijos, numerosos nietos y una familia que la acompañó en su caminar, así como toda una ciudad que la recordará por su incansable labor y generosidad.
Sus restos recibirán cristiana sepultura hoy sábado 29 de marzo en el Cementerio de Ávila, tras la misa en la capilla del Crematorio Municipal Antonio Álvarez.
Ávila despide así no solo a una empresaria ejemplar, sino a una mujer adelantada a su tiempo, valiente y profundamente humana.