En los peores momentos, a punto de terminar el sábado, el Adaja a su paso por la capital abulense llegó a alcanzar 3,11 metros de altura y un caudal de 137,87 metros cúbicos por segundo. Este domingo, aunque el agua seguía siendo mucha, la situación había mejorado y este cauce a su paso por la ciudad de Ávila llegaba a los 2,42 metros con un caudal de 61,97 metros cúbicos por segundo, aunque todavía con numerosas zonas anegadas, como el parque de El Soto y sus aledaños, los campos de Santiago y la zona infantil situada frente a la plaza de toros o todo el paseo fluvial que discurre junto al Centro Medioambiental de San Nicolás y la fábrica de harina, además del parque entre la plaza de toros y la avenida Juan Pablo II y el entorno del puente de las Sanguijuelas, aunque en este caso por la crecida del río Chico.
Tras una noche muy larga, la del sábado al domingo, en la que la constante crecida del cauce del río Adaja provocó, poco antes de las 22,00 horas, que el agua avanzase desde el Soto hasta la carretera de Burgohondo, y al encontrarse la vía de servicio habilitada junto a la carretera que va a Sonsoles a un nivel inferior la avenida, la inundase llegando a todas las calles de esa zona, el domingo amanecía con mejores noticias, pues la bajada del caudal del río había permitido que la zona de viviendas más afectada, a lo largo de la calle Obispo Acuña y vías de confluencia, pudiera abrirse al tráfico rodado, salvo en el tramo de conexión con la AV-900, que también en esas primeras horas del día permanecía cortada en el tramo hasta El Soto.
Aún así, continuaba la desolación y la indignación entre los vecinos afectados tras pasar una noche «en vela» por el temor a que el agua entrara en los garajes y locales. «Desde el 96 y el 97 no habíamos visto otra riada tan grande como esta», aseguraba Teresa. «Nosotros tenemos la urbanización entre las calles Obispo Acuña, Maldonado y Padilla y anoche vino la Policía Local y Protección Civil a avisarnos para que sacáramos los coches, porque el agua llegaba ya hasta el el bar El Diario, y automáticamente llamamos al resto de los vecinos», explicaba, al tiempo que señalaba que el avance del agua les mantuvo «en vilo toda la noche».
Otro vecino, Francisco, en este caso de la urbanización Adaja en la calle Maldonado, que fue una de las más afectadas, se mostraba visiblemente indignado por «el abandono que sufre este barrio, del que solo se acuerdan para las fiestas». Según relató, «parecía que estaba todo tranquilo, pero a las diez de la noche, el agua empezó a llegar a la esquina de nuestra calle y rápidamente todos los vecinos comenzamos a sacar los coches de los garajes porque veíamos que se podía meter el agua. Aquí la policía lo único que hizo fue acordonar la zona y en esos primeros momentos no vinieron ni los bomberos ni Protección Civil hasta que ya estaba todo totalmente inundado».
«El agua llegaba prácticamente hasta la guardería y fuimos los vecinos los que tuvimos que levantar y limpiar los imbornales y las tapas de los pozos para que tragasen el agua con ayuda de la gente de la obra que hay frente a la plaza de toros», señalaba Francisco, quien explicaba que «llegó un momento en el que el agua comenzó a retroceder hasta nuestra calle y comenzó a meterse en nuestro garaje, donde hemos tenido 40 centímetros de agua. Los bomberos han estado desaguando el garaje durante la noche, pero ahora mismo tenemos todavía unos 6 centímetros de agua y como han tenido el cambio de turno, aquí de momento no viene nadie a ayudarnos».
Otra afectada por la crecida del Adaja, pero en este caso en la zona de la fábrica de harinas, era Alejandra, que desde hace dos años tiene uno de esos huertos urbanos y que comprobó este domingo que «todo lo que teníamos se ha echado a perder». «El sábado la verdad que no pasé porque pensaba que no iba a ser tanto el alcance de los daños, y esta mañana ya me he levantado con la angustia y a primera hora me he acercado y bueno, se ha echado todo a perder y de hecho hay patos hasta nadando por encima de los ajos, así que muy mal», indicó.
balance municipal. A última hora de este domingo, el Ayuntamiento hacía balance de la situación y apuntaba que el fin de semana se había saldado con más de medio centenar de intervenciones realizadas por el Servicio de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento derivadas de los efectos de la borrasca Jana a su paso por la ciudad.
«En su mayoría, las intervenciones estuvieron relacionadas con caídas de árboles y ramas, así como elementos de tejados y cornisas o desprendimiento de cubiertas, como en el caso del edificio de la Escuela de Idiomas y Centro de Formación e Innovación del Profesorado (CFIE). También se realizaron achiques de agua en inmuebles que se vieron afectados por inundaciones por la lluvia o la crecida de los ríos», indicaron desde el Consistorio.
En este caso, se vieron afectadas las zonas de Las Sanguijuelas (camino de Sonsoles) y el entorno del parque de El Soto, por la crecida de los ríos Adaja y Chico, que mantiene cortado tanto el acceso al parque y su ribera como el puente de madera que conecta la avenida Juan Pablo II con la plaza de toros.
La crecida de los ríos hizo que, el sábado por la mañana, se solicitara a la Junta de Castilla y León la declaración de la situación 1 de emergencia de acuerdo con el Plan de protección ante riesgo por inundaciones (Inuncyl), ante el inminente desbordamiento del cauce del río Adaja, «una declaración que se mantiene vigente».
Asimismo, en la tarde noche del sábado se cortó al tráfico el tramo urbano de la carretera AV-900, entre las glorietas de la plaza de toros y de El Soto, así como varias calles de este entorno y, posteriormente, desde Carreteras del Estado (Subdelegación del Gobierno), se cortó el puente del Papa (N-403), ante el nivel alcanzado por el Adaja.
Todas las zonas cerradas al tráfico quedaron abiertas a lo largo de la mañana de este domingo, al igual que parques y jardines, con excepción de El Soto y el situado junto al río Chico, y también las instalaciones deportivas municipales, con excepción del situado en la ribera del río Adaja, en previsión por los efectos de la borrasca.
El alcalde de Ávila, Jesús Manuel Sánchez Cabrera, agradeció el trabajo realizado por los servicios municipales, tanto Policía Local como Bomberos y Protección Civil, así como el Área de Servicios a la Ciudad, al igual que destacó la colaboración con Subdelegación del Gobierno y Junta de Castilla y León a la hora de tomar medidas preventivas según avanzaba la situación.
En este sentido y con el caudal del río Adaja en nivel naranja, Sánchez Cabrera pidió prudencia a la población para evitar transitar por zonas inundadas, a la vez que señaló que «el Ayuntamiento de Ávila continuará vigilante ante las precipitaciones anunciadas para las próximas horas y días y también por el posible deshielo en las cumbres, que puede de nuevo afectar a los ríos a su paso por la ciudad».