Jana, Konrad, Laurence y Martinho. Estos son los nombres de las cuatro borrascas de gran impacto que se han enlazado durante este mes de marzo y que han dejado las mayores precipitaciones e inundaciones en la ciudad y provincia de Ávila de las últimas décadas. Próximamente, se espera a Nuria, otra borrasca que también podría dejar nuevas lluvias y complicaciones.
Marzo ha sido el mes con la mayor cantidad de precipitaciones acumuladas de las últimas décadas. Según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), en la provincia de Ávila se superó con creces la mediana de la precipitaciones acumuladas durante el periodo 1991-2020. Históricamente, apenas se habían alcanzado los 25 milímetros acumulados en esta época del año, unos datos que se han visto ampliamente incrementados. En las dos semanas centrales de marzo, en Ávila se sobrepasaron los 100 milímetros, es decir, se quintuplicaron los registros.
Esto provocó, a su vez, que en la capital abulense se produjeran las peores inundaciones desde el año 1972. Y no es para menos, ya que, hasta el 16 de marzo (justo a mitad del mes) había habido 12 días de precipitaciones (ocho de ellos seguidos), con una anomalía positiva del 261,4%. Quedan para la historia de la ciudad las incidencias que dejó 'Jana' el sábado 8 de marzo, cuando incluso el delegado territorial de la Junta de Castilla y León en Ávila, José Francisco Hernández, declaró el nivel 1 de emergencia ante el riesgo de inundaciones. Los ríos Chico y Adaja se desbordaron (el segundo llegó a superar los dos metros de altura), lo que provocaron que sus inmediaciones (El Soto, inmediaciones de la plaza de toros, puente de las Sanguijuelas) se vieran anegadas. El agua incluso alcanzó los bloques de pisos situados junto a la carretera de Toledo, provocando nervios e indignación entre sus vecinos. Una situación que se repitió, con mayor virulencia si cabe, el 21 de marzo. Una inundación que ya está considerada la más grande en décadas en la capital abulense y que provocó que se declarase el nivel 2 de emergencia de Inuncyl. Las imágenes aéreas con toda la zona sur de la ciudad anegada de Ávila recorrieron el país.
De hecho, este último día, a las 8,20 horas, el río Adaja alcanzó su mayor crecida de caudal en más de 50 años, con 215 metros cúbicos por segundo, según confirmó la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), aunque este dato es provisional y sujeto a revisión hasta la finalización del año hidrológico en curso (30 de septiembre de 2025). Sin embargo, este aumento no superó el registro máximo recogido en la estación abulense, que data del año hidrológico 1971-72, en concreto, del 5 de febrero de 1972. En esa fecha, el Adaja logró un caudal aproximado de 237 metros cúbicos por segundo. Eso sí, como aclaran desde la CHD, este es un dato estimado, ya que por entonces no contaban aún con mediciones en continuo, y este registro es el resultado del cálculo medio diario de ese día, cuya punta máxima habría alcanzado esos 237 metros cúbicos por segundo (el medio diario de ese día fue de 182,5 metros cúbicos por segundo). Por tanto, sí se puede considerar el desbordamiento del pasado 21 de marzo como el más grande desde que existen mediciones diarias continuas.
Esta sucesión de inundaciones trajo a la memoria de los abulenses otros episodios similares del pasados. Como el que ocurrió en febrero del 2003, cuando llegaron a recogerse 37 litros por metro cuadrado (según los datos de Protección Civil) y el caudal del Adaja registró más de 100 metros cúbicos por segundo. En aquella ocasión se tuvo que evacuar a una persona del caserío situado en la Finca de las Sanguijuelas, se abrieron las compuertas del embalse de Las Cogotas, el parque de El Soto acumuló 25 centímetros de agua, se cortó al tráfico la carretera de Burgohondo (AV-900), el agua inundó los sótanos de la Subdelegación del Gobierno en Ávila y del centro de Pronisa y buena parte de las calles de la zona sur quedaron impracticables. Algo parecido había ocurrido en enero de 1996, cuando también se desbordó el río Chico, hubo que evacuar a varias personas de una vivienda junto a El Soto y se tuvieron que abrir las compuertas del azud de la antigua fábrica de harinas junto al puente Adaja para bajar el nivel del río. En todas las ocasiones, las áreas más perjudicadas han sido las riberas de los dos ríos que atraviesan la ciudad de Ávila, establecidas por la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) como zonas inundables.
provincia. El resto de la provincia de Ávila también ha sufrido las consecuencias de esta oleada de lluvias y precipitaciones. Quedarán para el recuerdo las imágenes de la playa fluvial de Navaluenga totalmente inundada, con el puente románico como testigo. El río Alberche, al igual que el Adaja, precisó de una especial vigilancia por posibles crecidas, que no solo provocaron complicaciones en Ávila, sino también en la provincia de Toledo. El Adaja, por su parte, estuvo en riesgo de nivel amarillo en Arévalo, donde llegó a alcanzar los 4,33 metros de altura y un caudal de 76,3 metros cúbicos por segundo hace justo una semana, el domingo 23 de marzo a las 9,30 horas. De confirmarse este registro (también es provisional y sujeto a revisión), sería el máximo caudal histórico observado en la estación hidrológica de Arévalo que, hasta ahora, databa del periodo 2020-21, con 31 metros cúbicos por segundo.
Estas situaciones recuerdan, en cierta medida, a otras inundaciones históricas que se han producido en el territorio abulense en los últimos tiempos, como la que se dio en Muñogalindo en agosto de 2015 o la borrasca Juan de principios de 2024 (que afectó a más de un centenar de localidades). Además, la nieve también provocó el corte de algunas vías de la provincia, sobre todo las situadas en las zonas de montaña, algo relativamente frecuente.
El cambio climático está ocasionando que, cada vez con más asiduidad, se sucedan este tipo de desastres naturales. La Dana que asoló Valencia el octubre pasado parece que nos ha hecho tomar conciencia sobre las consecuencias de las lluvias y precipitaciones torrenciales. Por eso, en Ávila deberíamos aprender de aquella catástrofe para prevenirnos por lo que pueda pasar en el futuro.