"La manera de revitalizar la calva es atraer a los jóvenes"

S.J.
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Javier Gil lleva casi toda su etapa laboral como profesor de Educación Física en el IES Isabel de Castilla. Toda una vida dedicada al deporte que, ahora que vislumbra ya la jubilación, ha querido plasmar en un libro didáctico sobre algo muy nuestro

"La manera de revitalizar la calva es atraer a los jóvenes" - Foto: David Castro

Existen muchas maneras de mostrar el vínculo con el deporte: como deportista profesional, como practicante amateur, como periodista, como aficionado a algún club o como telespectador. Y luego está aquella que ayuda a los demás a sentir afecto por la práctica deportiva. Esta última opción fue la que eligió Javier Gil, profesor de Educación Física en el IES Isabel de Castilla desde hace casi 37 años. Un periodo que le ha convertido en uno de los trabajadores más longevos de la historia de este centro educativo referencia de Ávila (actualmente, es el profesor de más antigüedad y solo le supera en cuanto a trabajadores un conserje, José Luis Sanz, que también pasó hace algún tiempo por esta sección).

A Javier Gil le enganchó la pasión por el deporte desde muy joven gracias al atletismo. De hecho, fue uno de los atletas fundadores del Club Puente Romanillos, donde coincidió con su gran referencia deportiva, Juan Manuel Sánchez. Durante su etapa formativa era uno de los fondistas abulenses más destacados, logrando éxitos en carreras como el Cross de Cantimpalos o el de Getafe. Gil argumenta que sus logros de aquella época se deben a que su patrón de desarrollo fue muy temprano y, por tanto, creció antes que el resto de sus compañeros. «El patrón de desarrollo llega hasta donde llega, salvo que tus padres sean muy altos. Entonces, los demás empezaron a crecer y yo me quedé como estaba», explica entre risas.

No obstante, en aquella época ya tenía claro cuál era su sueño: estudiar en el Instituto Nacional de Educación Física (INEF) de Madrid. Para ello, cumplió con sus obligaciones militares en Ávila como voluntario para poder prepararse a conciencia para su objetivo. Y lo logró a la primera. «Gracias a Juan Manuel Sánchez y al esfuerzo de mi hermana y mi cuñado, que me pudieron pagar los estudios, conseguí entrar en el INEF el primer año», recuerda Javier Gil. Allí permaneció cinco años formándose en la enseñanza deportiva y compaginándolo con las prácticas en un colegio público de Pozuelo de Alarcón, donde ejerció como profesor durante los últimos tres años y medio de la carrera. Un puesto, por cierto, que le recomendó otro abulense, Juan Mayorga (ya fallecido), que fue su veterano durante su etapa en Madrid.

Aunque su deporte preferido era el atletismo, Gil se especializó en el INEF en la modalidad de balonmano. Tuvo dos buenas razones para ello: Domingo Bárcenas y Juan de Dios Román, los dos padres del balonmano español, que fueron sus instructores en el INEF. De los dos guarda buenos recuerdos, especialmente del segundo, de quien aprendió dos grandes lecciones: que en la vida y en el deporte no vale lamentarse y que el éxito solo se consigue con trabajo y más trabajo. 

Una vez terminó la carrera, a Javier le tocó enfrentarse a las oposiciones para conseguir plaza como profesor. Antes, estuvo un curso como interino en el IES Vasco de la Zarza, donde se reencontró con su amigo Juan Manuel Sánchez y también coincidió con Zósimo San Román (que fue preparador físico del Real Ávila y ayudante del exentrenador Sergio Kresic en varios clubes de Primera División). Gil aprobó las oposiciones a la primera y tuvo la oportunidad de hacer prácticas en otro instituto de la capital abulense: el IES Isabel de Castilla, donde ya no se movió ni se moverá. Allí consiguió plaza definitiva debido a que su 'propietario', Gustavo Nieto, se marchó para ser entrenador del CAI Zaragoza de baloncesto, en una época en la que el equipo maño era uno de los punteros de España. Una bonita casualidad para Javier Gil, que en el Isabel de Castilla encontró su casa e hizo amistades, tanto de compañeros como de alumnos, que aún perduran.

Después de 37 años como profesor, es normal que se agolpen los recuerdos, pero hay tres hechos (muy relacionados entre sí) que provocaron que Gil nunca se plantease cambiar de destino y que crearon el buen ambiente que históricamente caracterizó al 'Isabel'. Son su mítica conserjería, el equipo de fútbol sala compuesto por docentes y trabajadores del centro y las pachangas que jugaban contra los estudiantes varios días por semana. «Eso es algo que se ha perdido y era increíble. Tengo muchos alumnos que me tienen mucho aprecio a través del fútbol sala. Era una forma de que nosotros viéramos a los alumnos y ellos a nosotros de otra manera fuera de las aulas», explica Javier. Estos partidos profesores vs estudiantes derivaron en una competición interna (no solo de futbito, sino que incluía a otros deportes) que tuvo mucho seguimiento y propiciaba piques y conversaciones amables entre rivales sobre el desarrollo de los partidos. Y, además, los torneos traían una sorpresa final para los ganadores: un viaje a Madrid para presenciar en vivo y en directo un partido de playoff de baloncesto del Estudiantes en el Palacio de los Deportes. «Eso lo sufragaba el instituto, a los chavales no les costaba ni un duro. Habían estado todo el año practicando un deporte y, a los campeones, se les premiaba con esto. En algunos casos, disfrutaban de un espectáculo que no habían vivido nunca», rememora Gil. Unos buenos tiempos que ya parecen demasiado lejanos.

Javier Gil, aunque ha sido reaccio hasta hace relativamente poco, ya empieza a pensar en serio en la jubilación tras toda una vida dedicado a la enseñanza. Pero, en este tramo final de su trayectoria profesional, ha querido dejar un legado para sus sucesores en la Educación Física: un libro pedagógico sobre el deporte tradicional de la calva. Un proyecto que fue cocinando durante muchos años y que recientemente ha visto la luz gracias a la Diputación Provincial de Ávila, editora de una obra de la que va a repartir unos 200 ejemplares entre los institutos de la provincia, la Federación de Deportes Autóctonos de Castilla y León y los clubes calvistas de Ávila.

Los primeros contactos de Gil con la calva vienen de muy lejos, de cuando veía a su padre ejercer de calvero (la persona encargada de colocar la calva en su sitio) en el Santuario de Sonsoles durante las fiestas de San Cristóbal, patrón de los conductores. Desde entonces se le despertó la curiosidad por esta actividad física originaria de estas tierras y, de nuevo en el INEF de Madrid, pudo ponerlo en práctica gracias a la asignatura de Juegos y Deportes Populares. El profesor les encargó como tarea de fin de curso un trabajo sobre una deporte tradicional de su ciudad o pueblo. Y Javier no se lo pensó. 

Ese trabajo fue el origen de la extensa investigación que ha plasmado en su libro. Gracias a las escasas publicaciones que trataban la modalidad de calva, a una modesta cámara de fotos y a bastantes tardes junto a la ribera del río Chico viendo partidas de calva, pudo desarrollar una documentación que le sirvió para sus obligaciones académicas y para iniciar su posterior obra.

Hasta aquel momento, nadie había realizado una labor de investigación en profundidad sobre la calva (algunos historiadores pasaban de refilón sobre ella, quienes debatían entre un posible origen vettón o romano de este juego). Asi que Javier Gil decidió ser el primero, para lo que utilizó a sus alumnos y alumnas en sus clases como 'conejillos de Indias' para sus análisis. De hecho, teniendo en cuenta que, a pesar de su afición, nunca practicó la calva, Gil reclamó la colaboración de varios abuelos para demostrar su técnica y sus secretos. Porque, como comentó en la presentación de su libro, se trata de una actividad para todas las edades. «Si eres aficionado a la calva, puedes jugar durante toda la vida», mantiene el profesor. Para poder practicarlo en sus clases con seguridad, Gil creó, con la ayuda de sus estudiantes, calvas y morillos con material reciclado que han utilizado varias generaciones de alumnos del Isabel de Castilla. «Es un material muy barato, que cualquiera puede hacer, no provoca desperfectos en el pabellón o en una cancha de cemento, es seguro y, además, ayuda a reciclar», afirma.

Con su libro, Javier Gil trata de revitalizar un deporte popular en regresión («La única manera de ayudar a los clubes calvistas y de revitalizar la calva es que se aficione la gente joven para que esto no se pierda», afirma) y que sirva como guía didáctica para sus compañeros de profesión. Porque, aunque parezca un deporte muy simple, con la calva se trabajan muchas habilidades (la fuerza explosiva, la coordinación, la precisión, la coordinación óculo-manual, la lateralidad, el equilibrio) o emociones (como la frustración). Por tanto, es una juego mucho más completo de lo que se pudiera pensar. De ahí que sirva como aprendizaje y pueda formar parte del plan de estudios de los institutos, tal y como Javier Gil desea. Además, el profesor asegura que la calva ha permitido destacar a los alumnos que nunca se han sentido atraídos por el deporte: «Para una chica o un chico que en esas actividades tiene una autoestima tan baja es un subidón». En definitiva, es un juego autóctono de Ávila que, gracias a la labor de muchos años de este profesor de Educación Física abulense, ahora puede servir como herramienta didáctica para los próximas generaciones de docentes.

Por cierto, debido a su estrecho vínculo con el deporte (fue coordinador y entrenador de la Escuela de Balonmano de Ávila, igual que lo fue de la de Atletismo), ha podido tener contacto con destacadas personalidades abulenses: Gustavo Nieto, Zósimo San Román o Borja Jiménez, con quien guarda una relación de parentesco. Evidentemente, se alegra de los éxitos que está consiguiendo al frente del CD Leganés y que ponen de manifiesto toda su trayectoria anterior (Valladolid B, Rápido de Bouzas, Izarra, Cartagena, Mirandés y Deportivo de la Coruña). «Nada de lo que ha conseguido ha sido por casualidad», asegura. Y la realidad lo está demostrando. Porque, como Juan de Dios Román le inculcó a Javier Gil, todo se consigue con trabajo y esfuerzo. Dos valores que sigue transmitiendo a sus alumnos y que le han permitido publicar su libro sobre la calva. Un legado y una satisfacción que tendrá de por vida.

(Lea la entrevista completa en la edición en papel de Diario de Ávila).