José Guillermo Buenadicha Sánchez

De la rabia y de la idea

José Guillermo Buenadicha Sánchez


Y van diez

19/04/2024

Como decía Umbral, vengo un año más a hablarles de mi libro, estimados tres lectores. Bueno, solo es mío en puridad el 4,76% del mismo; menos aún si contamos las estupendas ilustraciones de Elena López Zazo, la portada de Gris Medina y el impagable prólogo de Chelo Díaz de Sousa. Me refiero al décimo —y se dice pronto— libro colaborativo de La Sombra del Ciprés. Como sé que además de lectores míos son ustedes aficionados a la buena literatura, seguro que estarán leyendo Diario frente a un café y hojeando «Ávila erótica», recién comprado en nuestra caseta de la Feria del Libro. Si no es así, pásense esta tarde y se lo venderé encantado yo mismo.

Es el décimo parto de esta gran familia numerosa. Un libro colaborativo es de por sí complejo, ha de aunar ópticas, personalidades y tramas. Si además se le añade el corsé de que los relatos tengan a Ávila y una temática concreta cada año como elementos obligados, suele sacar de su zona de confort a escritores habituados a otros formatos y géneros. Pero precisamente en eso, en la variedad, en el conjugar distintas visiones, estilos y, sobre todo, ideas fuera del trillado surco arado por la rutina, radica su gran atractivo. Permite al escritor disfrutar y al lector no aburrirse: siempre habrá algo que llame su atención.

Mi afición por la analogía me hace soñar con lo interesante que sería si pudieran nuestros próceres locales pergeñar su propia obra colaborativa, con Ávila como trasfondo. En la que se dejaran en la gatera los pelos de sus orgullos, rencillas y autojustificaciones. En la que supieran reconducir su narrativa para amoldarla a un objetivo común, sin abandonar su estilo, pero sabiéndose no protagonistas y sí parte de algo más grande. En la que aceptasen que pueda haber historias que no encajen, a pesar del cariño que les tengan. Y que disfrutasen con ella tanto como lo hemos hecho todos los que hemos participado en este libro.

Luego, si encima le dan, como nosotros, un toque picante —incluso los chándales pueden ser eróticos, créanme— tendríamos un resto de legislatura mucho más calmado. Según dicen, el sexo relaja.