
Foto: Lara
Intento recordar la primera vez que un libro cayó en mis manos. Y no soy capaz. No puedo. Quizá sea porque siempre haya tenido alguno. Creo que en vez de nacer con un pan debajo del brazo yo vine con un libro. O dos.
Leo por la mañana, por la tarde, andando e incluso, a veces, sueño que leo. Y no creo que lea tanto. No soy de las que se acaba un volumen en un día. Aunque, ahora que lo pienso, recientemente sí, he incrementado mi velocidad de lectura y estoy devorando como años ha. Estoy entre novelas, tebeos, nivolas y ensayos. Hoy vino uno de los nietos de Delibes a charlar al cole y me han entrado ganas de adelantar el momento que tenía dedicado a leer al gran Miguel.
Porque ya sabes que hay un tiempo para cada cosa y cada cosa tiene su tiempo.
Cuando fui madre por primera vez mi cerebro se fundió. Literal. Con el segundo embarazo, tras dar a luz, había momentos en los que no era capaz ni de hilar un argumento en voz alta. Cuando menos escrito. Y no tenía tiempo ni para leer, ni para ir al cine, ni para otras tantas cosas que se relegan a un quinto plano porque la personita que has hecho tú durante nueve meses se lo merece todo. Ahora se habla de lo que nos pasa a las mujeres durante los embarazos, en el postparto e incluso en la pre y menopausia. Ahora somos más las mujeres que podemos hablar y más que seremos en un corto espacio de tiempo (si no estropean lo que estamos construyendo). Los hombres poco sabían sobre la bomba hormonal que somos las mujeres embarazadas y con un bebe en brazos.
Pero todo cambia, y el tiempo pasa. Y las fichas se van colocando en su casilla.
No sé si hace un año o más, ya no soy muy consciente del paso del tiempo, cerraron Teto. O Senen. O el quiosco del grande. Lo que prefieras. Me dio muchísima lástima porque ahí tengo mil recuerdos. Cuando Lara, mi BB mayor me comentó que había reabierto, me hizo mucha ilusión. No fui corriendo. Y hubo un momento en el que incluso se me olvidó. Y un día, caminando por el centro, me recordaron mis hijos que volvía a ser librería. Y así, de repente, me encontré con unos cuantos libros que tengo en mi lista de deseos. No solo vuelve Teto sino que además traen libros que quiero.
Hoy tenía una cita con mi gestora del banco, que no sé por qué tengo. Porque no tengo nada. Lo único que tengo es tiempo. Y poco. Aunque es lo más valioso de lo que estamos hechos. Y al separarnos mi BB mayor y yo me ha hecho una foto que solo ella sabe hacerme, solo ella sabe verme. Estaba mirando el escaparate de Teto, ahora Librería de los incomprendidos, y deseando unos cuantos volúmenes que hay en el escaparate.
Y es que hay sitios que no deberían cerrar nunca.