Cuando Helen Fielding comenzó a escribir en el invierno de 1995 una columna diaria en el periódico británico 'The Independent' sobre las aventuras y desventuras de una mujer treintañera y sin pareja, nadie podría haber adivinado que estaba sembrando el germen de uno de los éxitos editoriales más contundentes del siglo pasado y de quizá la saga romántica cinematográfica más popular del siglo XXI. La columna tuvo tanto éxito que en 1996 su autora se llevó el personaje a una novela titulada 'El Diario de Bridget Jones' y ahí comenzó el fenómeno. Más de 15 millones de libros vendidos y el nacimiento del subgénero literario y postfeminista 'Chick lit' fueron una razón de peso para que el cine no tardase en fijarse en el personaje. Y así en 2001 llegaba la película, la primera de una saga millonaria que concluye con 'Bridget Jones: loca por él', un broche perfecto para su audiencia que aunque sigue tirando de la comedia en muchos momentos funciona mucho mejor como un vehículo nostálgico lleno de guiños a la identidad de la saga, armado para conmover y emocionar hasta la lágrima como broche final.
'Bridget jones: loca por él' es la primera película de la saga dirigida por un hombre, Michael Morris, un director versado en la televisión que ha interpretado con mucho acierto las claves del personaje interpretado por una Renée Zellweger que pese a sus limitaciones actorales por culpa de sus excesos con el bisturí (por mucho que la actriz lo niegue, es más que evidente que se le ha ido la mano, y también la cabeza) sí consigue gracias al lenguaje corporal explotar la comedia que su personaje encierra. Y en este último apartado hay que pararse porque la actriz se marca una galería de gestos y movimientos en su diálogo corporal tan propios de ese género teatral que fue La revista, que resulta casi imposible evitar que al espectador español le venga a la cabeza el inmenso e irrepetible talento que atesoraba para estas lides la genial Lina Morgan. Y así, la conexión entre ambas actrices es tan maravillosa como completamente arrebatadora por lo inesperado.
Junto a la actriz, los otros dos pesos pesados de la saga, Hugh Grant y Colin Firth, que no podía faltar en esta última entrega aunque sea en forma de emotivo recuerdo. Ambos rodeados de personajes habituales (impagables todos los momentos de Emma Thompson) y también de las nuevas incorporaciones: Chiwetel Eijofor (actor mundial desde '12 años de esclavitud') y Leo Woodall (que siempre es mucho más divertido que ellas estén con un jovencito a que lo hagan ellos...). Ambos serán intereses románticos de nuestra protagonista y ambos con el papel de reflejar la evolución de una Bridget asolada por la pérdida hacia la madurez plena. Un proceso interno de desarrollo que el personaje debe transitar para cerrar la saga con un mensaje para el espectador que sobrevuela todo su metraje: No se trata de sobrevivir, se trata de vivir.
Y con este recado, sostenido y reforzado con un cierre muy vitalista, la saga parece despedirse. Pero como nos enseñó a todos la mujer de Sean Connery cuando éste le comunicó tras el rodaje de 'Diamantes para la eternidad' que nunca volvería a interpretar a James Bond,'nunca digas nunca jamás'. Y de esa respuesta viene el título de la película con la que el actor retomaba el personaje en 1983. Pero eso, ya es otra historia.