Julio Collado

Sostiene Pereira

Julio Collado


Alto jornal

22/01/2025

Sostiene Pereira que el nuevo año le trajo una avería de agua en casa y la jubilación de su fontanero de toda la vida, J. L. M. Pura coincidencia, es verdad, pero quizás tenga razón el saber popular cuando acuñó aquello de "Al perro flaco, todo pulgas". Así es que pasaron por casa un fontanero varias veces, un carpintero para levantar la tarima sin dañarla, un albañil y vuelta el carpintero para terminar la faena. Una pequeña avería necesitó la concurrencia de tres operarios. Y menos mal que la faena del agua se solucionó rápido y el vecino vio cómo el mapa líquido de su techo dejó de crecer. En estos casos es cuando se da uno cuenta de la suerte de tener a un fontanero de esos que llaman de "toda la vida" y la pena de que se haya jubilado. Porque no se valora suficientemente el poder hacer una llamada y que el currante de turno acuda raudo al rescate y puedas dormir tranquilo. Por eso, aunque, para él, la jubilación sea una recompensa feliz (jubilarse viene de júbilo, alegría), a sus clientes le duele un poco el tener que buscar a quien lo sustituya y al ir conociéndose mutuamente. Porque las buenas relaciones humanas se basan en la confianza.

Al hilo de ambas circunstancias, Pereira recordó aquellos tiempos de la pandemia y a los trabajadores que fueron imprescindibles entonces y ahora y son tan anónimos que, muy a menudo, se olvida su labor en pro de la sociedad. De los que, por eso, rara vez se habla en los Medios de Comunicación ni se les da medallas "al mérito" ni se montan debates en las teles sobre su imprescindible tarea ni de sus salarios ni de sus horarios largos para que los clientes tengan más fácil su consumo. Son el engranaje fundamental y primero de la producción y de la convivencia y merecen más reconocimiento. Porque, ¿qué pasaría sin repartidores de pizzas y de las compras a distancia, sin albañiles, sin fontaneros, sin cajeras de supermercados, sin sanitarios, sin panaderos, sin limpiadoras, sin cuidadoras de ancianos, sin "gasolineros", sin maestras de infantil, sin periodistas y tantos otros trabajadores anónimos a quienes nadie les da medallas cuando se jubilan, como ocurre en algunas Instituciones y que, como hormiguitas, hacen calladamente su labor? Son esos ciudadanos y ciudadanas a los que homenajeaba Antonio Machado en su poema Retrato: "A mi trabajo acudo, con mi dinero pago/ el traje que me cubre y la mansión que habito,/ el pan que me alimenta y el lecho en donde yago".

Por eso hoy, quiere Pereira homenajear a los trabajadores anónimos con este hermoso poema del poeta Claudio Rodríguez: "Dichoso el que un buen día sale humilde/ y se va por la calle, como tantos/ días más de su vida, y no lo espera/ y, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo alto/ y ve, pone el oído al mundo y oye,/anda, y siente subirle entre los pasos/ el amor de la tierra, y sigue, y abre/ su taller verdadero, y en sus manos/ brilla limpio su oficio, y nos lo entrega/ de corazón porque ama, y va al trabajo/ temblando como un niño que comulga/ mas sin caber en el pellejo, y cuando/ se ha dado cuenta al fin de lo sencillo/ que ha sido todo, ya el jornal ganado,/ vuelve a su casa alegre y siente que alguien/ empuña su aldabón, y no es en vano".