El anuncio de que Ávila tendrá una unidad de ictus, independientemente de cómo se haya producido, de si tiene tintes electoralistas como sospechan algunos y de si se ha realizado para evitar que la presión social siga en aumento (más de 15.000 firmas), se tiene que saludar como un éxito para la Sanidad abulense. Ahora lo que hay que exigir es que no pase como en 2019 cuando ya se habló de este tema, sino que en esta ocasión se cumpla lo dicho y este año entre en funcionamiento. Para creérnoslo más, bien haría la Junta en decir cuánto cuesta esta unidad, de dónde va a sacar el dinero, cuántos profesionales específicos son necesarios, y de dónde van a salir. De esta manera su anuncio será más creíble. De todas formas, ya me imagino al procurador de Por Ávila, Pedro Pascual, insistiendo sobre estos asuntos como ha venido insistiendo por una unidad que, por lo que se ve, al final sí que era necesaria.
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Veo con envidia la suelta de linces en la provincia de Palencia, a los que ojalá que les vaya muy bien, se adapten pronto a la vida salvaje y tengan muchos conejos para comer. Y veo con envidia el Centro de Interpretación del Lobo en Zamora. Este tipo de cuestiones considero que dan empaque y prestigio a una provincia, además de ser un atractivo turístico para los amantes de la naturaleza. Nos hemos quedado sin los dos animales 'estrella' de la fauna ibérica, pero quedan otros interesantes como las cabras de Gredos o los buitres para pensar que aquí también se puede hacer algo parecido.
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Hay un meteorito rondando por el espacio exterior con posibilidades reales, algo más de un 3 por ciento y subiendo, según los entendidos, de estrellarse contra la Tierra. Las previsiones apuntan que el impacto, en caso de que finalmente le hubiere, sería el 22 de diciembre del año 2032. España está cambiando a pasos agigantados, pero se supone que para entonces no se habrá perdido el tradicional Sorteo de Navidad, aunque no me jugaría un brazo no fuera ser que... Ese año, por si acaso, que tampoco toque el Gordo en Ávila, no sea que caigan dos seguidos en el mismo día.
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Hace poco supe que uno de los colegiados de Primera División, César Soto Grado, tiene raíces en Candeleda. De hecho, algunas biografías le dan como nacido en esa localidad, aunque otras dicen que no, que vino al mundo en Talavera de la Reina. Bueno, que me da igual. Viene a esto a cuenta porque me viene al pelo aprovechar la vinculación abulense para poder decir lo que quiero decir de las últimas actuaciones arbitrales en la Liga española, que es que se demuestra que los árbitros son seres únicos: donde todo el mundo ve las cosas de un color, pongamos negro, ellos lo ven de otro, pongamos blaugrana.