Sara Escudero

Desde la muralla

Sara Escudero


A mis abuelas, que me enseñaron a ser libre

07/03/2025

Todo ha cambiado mucho en los últimos años. Tanto que a veces da miedo. Al menos en mi caso: he pasado de vivir, con 8 años, en un pueblo de León donde sólo había un teléfono fijo para todo el pueblo, a enviar a Chat GPT información para que me haga un análisis de datos. ¡Vamos! que entre esos extremos han pasado demasiadas cosas.

Pero no solo la vida de un pueblo con un único teléfono ha cambiado. También como sociedad hemos dado un vuelco, un giro de algo más de 90 grados en lo que a derechos se refiere. Un cambio, que aún no puedo decir que radical, y menos aún que es global.

En estos años, desde que yo viví en un pueblo con un único teléfono, donde mi madre fue la primera mujer en entrar en la mina o donde ir al bar era solo cosa de hombres, nuestra sociedad también ha cambiado. Ha sido un tránsito difícil, una lucha de muchas mujeres que en estos años no han dejado ni por un momento, la lucha por la igualdad de derechos. Y que yo haya podido ir a la universidad, ser titular de mi cuenta bancaria, conducir mi propio coche o ser dueña de mi destino, no es casual.

¡Claro que no es casual! Si hubiera nacido en cualquier otro lugar o momento de la historia, lo mismo ni siquiera tendría derecho a la educación, y ya ves, yo tuve una abuela, Maruchi, que salió de Avila para estudiar enfermería en aquél entonces, cuando salir de casa era solo para servir. O no tendría un trabajo, y ya ves, yo tuve una abuela, Concha, que sacó a su familia adelante, viuda, cuando en aquél entonces, trabajar solo era de hombres. A ellas les debo su cariño, su esfuerzo y ser libre.

Se lo debemos a muchas mujeres. Desde las que lucharon por nuestro derecho a voto a las que fueron a la universidad contra todo pronóstico. Desde la que se puso por primera vez un dorsal en una carrera, hasta la que hizo algún descubrimiento científico.  Desde las que alzaron la voz para conseguir independencia, hasta las que cada día luchan por un mundo mejor. Desde las que sobrevivieron al mundo, hasta las que jamás se conformaron.

No creas que ya es suficiente. Porque mientras quede una sola mujer o niña sin poder ir a la escuela, mientras el destino de muchas de nosotras en otros lugares sea incierto, mientras la vida no ofrezca a todas las mismas oportunidades, tendremos que seguir defendiendo lo que es digno, equitativo y justo.

Gracias a las que fueron, son y serán. Gracias en particular a las grandes mujeres que hacen mis días maravillosos y mágicos. Mujeres que inspiran a otras mujeres, que te enseñan a ser mejor, que no compiten ni se llenan de envidias, sino que luchan, creen y se superan. Las que se alegran de tus logros y se unen para que alcances otras metas. Pero, por encima de todo, siguen aportando por mejorar los derechos de las que vendrán. Y lo hacen por ti, por mí, por nuestras hijas, por las generaciones futuras, que jamás podrán valorar el esfuerzo de nuestras abuelas por cambiar el mundo. Mi mundo. Nuestro mundo.

ARCHIVADO EN: Ávila