Fernando R. Piñero

Blanco sobre blanco

Fernando R. Piñero


No solo de radares

12/06/2024

De un tiempo a esta parte, Ávila se ha convertido en una ciudad poco amable para el automóvil. La peatonalización,  algo necesario, no ha venido aparejada de una solución conjunta con las demandas que comparten vecinos y visitantes. A los problemas de espacio de los dos principales aparcamientos, el del Grande y el del Rastro, se une la desaparición de las plazas que poblaban algunos de los espacios más céntricos, como las de Fuente el Sol o la calle del Tostado. De manera que los dos grandes espacios disuasorios no sirven para acoger las necesidades de los abulenses y visitantes. Tampoco el actual estado de las calles más céntricas, la mayoría levantadas, ayudan a que los de fuera accedan a sus destinos. Para ello, sirva de ejemplo el desastroso plan de movilidad de las jornadas medievales del pasado año, que convirtió a Ávila en una ciudad intransitable, no solo por los cortes de las calles, sino también por las obras. Ya se dijo que las obras son necesarias, pero también es necesaria una planificación que no convierta la ciudad en un gran expositor de piedras y sacos de cemento, como los que se encuentran colocados en una de las paredes del claustro de la Catedral, a los que se une una buena representación de máquinas y contenedores. La planificación también tiene que ver con el respeto al patrimonio.

El uso del coche en ocasiones se convierte en algo inevitable. Y al aprendizaje del laberinto de cortes y desvíos, que se actualiza cada vez más a menudo, se suma el cuidado que debe tenerse cuando alguien se coloca delante del volante. El cambio de los límites de velocidad en las vías urbanas, que redujo en algunos casos la velocidad máxima permitida a los treinta kilómetros por hora, se ha convertido en una oportunidad para las brigadas que se dedican únicamente a perseguir las infracciones. Equipos que aprovechan puntos concretos para colocar el aparato que les aporta beneficios seguros, como la bajada de la Encarnación o el Puente de la Estación, donde parece que debe primar más el control del velocímetro que lo que ocurra alrededor del vehículo. De manera que, más que la seguridad, lo que se busca es la oportunidad de sancionar, pues se han ido reduciendo también los límites de velocidad en algunas vías de alta concentración -como la avenida de Madrid o la de los Cuatro Postes-, donde es difícil conducir a una velocidad tan baja sin crear con ello una congestión de usuarios.

La seguridad es importante, pero también lo es la sinceridad. No solo de radares vive el hombre, también de garantizar el buen estado de la ciudad. Si la conversión del entorno de la catedral en un garaje para excavadoras no perturba la contemplación del monumento (obligación impuesta por la Ley de Patrimonio Histórico), también lo es poder conducir, de manera razonable, sin la sensación de sentirse perseguido.