La digitalización es el gran mantra de cualquier estrategia de desarrollo urbano en el siglo XXI, y Ávila no es la excepción. Con la Estrategia Ávila 2030, el Ayuntamiento ha puesto sobre la mesa una serie de iniciativas que buscan modernizar la ciudad y hacerla más accesible y eficiente a través de la tecnología. Sin embargo, más allá de los anuncios y las palabras clave que suenan bien en cualquier presentación de fondos europeos, cabe preguntarse: ¿qué significa realmente digitalizar Ávila? ¿Se está haciendo con un objetivo claro o simplemente por cumplir con la tendencia del momento?
Uno de los pilares de la digitalización es la administración electrónica. Se han implementado nuevos sistemas para facilitar trámites, reducir el papel y hacer que la burocracia sea más ágil. Pero la experiencia real del usuario dista mucho de ser fluida. Muchos trámites siguen requiriendo presencia física, documentación en papel o procesos poco intuitivos, lo que convierte lo que debería ser una ventaja en un simple cambio de formato sin un impacto real en la vida de los ciudadanos.
Además, en una ciudad con una población envejecida, la digitalización administrativa se enfrenta a un gran reto: si el acceso a los servicios se complica para quienes no están habituados a la tecnología, en lugar de facilitar, se excluye. No basta con digitalizar, hay que acompañar con formación, asistencia y soluciones híbridas que permitan que nadie se quede atrás.
Otro de los puntos clave es la digitalización del tejido empresarial. Se han lanzado programas de formación y ayudas para que pymes y comercios locales adopten herramientas digitales. Sin embargo, el problema es que muchas de estas iniciativas acaban en webinars genéricos o en herramientas poco adaptadas a la realidad de los negocios locales. No es lo mismo digitalizar un comercio en Madrid que en Ávila, donde la estructura empresarial es diferente y las necesidades varían.
La verdadera digitalización empresarial no es solo "meter redes sociales" o "tener una web", sino facilitar procesos, mejorar la competitividad y, sobre todo, generar oportunidades. ¿Cuántos negocios locales han conseguido realmente mejorar su facturación gracias a estas ayudas? ¿Cuántos han adoptado tecnologías que de verdad les aportan valor? La digitalización debe traducirse en impacto real, no en checklists de cumplimiento.
El concepto de smart city es otro de los grandes pilares del plan Ávila 2030, con proyectos que buscan mejorar la eficiencia en la gestión de servicios públicos a través de la tecnología. Sensores en contenedores para optimizar la recogida de residuos, mejoras en el alumbrado público con sistemas inteligentes, plataformas de gestión urbana… todo suena bien, pero la pregunta es: ¿se está midiendo el impacto de estas iniciativas?
No sería la primera vez que una ciudad invierte en tecnología que, en la práctica, no se usa o no soluciona los problemas reales de los ciudadanos. La digitalización no debe convertirse en una simple modernización estética, sino en una herramienta para mejorar el día a día de los abulenses. No se trata de tener la ciudad con más sensores por metro cuadrado, sino de que esos sensores sirvan para algo.
La digitalización es clave para el futuro de Ávila, pero solo si se hace con una visión clara: no basta con aplicar tecnología, hay que hacerlo con un objetivo que tenga impacto real en la vida de la gente. Si la administración electrónica sigue siendo un laberinto burocrático, si las pymes no ven mejoras tangibles y si la tecnología en la ciudad se usa más para el marketing que para resolver problemas reales, entonces el proceso estará incompleto.
Queda trabajo por hacer, y el éxito de la Estrategia Ávila 2030 dependerá de si la digitalización se convierte en una herramienta real de mejora o en un simple escaparate de modernidad. Es hora de que las ciudades pequeñas dejen de ver la digitalización como un "extra" para atraer fondos y la entiendan como lo que realmente debe ser: un cambio estructural que facilite la vida a todos.