Gabriela Torregrosa Benavent

Cosas veredes

Gabriela Torregrosa Benavent


El Corte Portugués

03/03/2025

Quienes dicen que no hay quinto malo, ya tienen la excepción que confirma la regla: el quinto corte al que se somete a una arteria principal de la circulación de nuestra ciudad, la Avenida de Portugal, en un lapso temporal de solo dos años. Si el salto de mata se consagrase como disciplina olímpica, quién duda que nos alzaríamos con un puesto en el pódium.
Viene a la mente rápidamente lo que eso supone, una vez más: las enormes molestias para los vecinos, por dificultades de movilidad, aparcamiento, estética, ruidos y polvo; las potenciales pérdidas de clientela para los comerciantes y hosteleros de la calle, que ya de por sí cuenta con una alta incidencia de locales cerrados; las complicaciones de acceso para la comunidad educativa del colegio que allí se encuentra; o el colapso de tráfico en las vías aledañas, que se convierten durante ese tiempo en la única alternativa de paso para los abulenses en general, atrapados en auténticas ratoneras a las horas punta. Todos saliendo de casa con información imprecisa del calendario y extensión de los trabajos, que se limita a anunciarse concluirán "en fecha por determinar", cada mañana se repite la misma sensación de abandono, al ignorar con lo que uno se puede topar. 
Planificar, qué verbo tan atractivo como desconocido en los despachos nobles del Mercado Chico. Cinco aperturas y cierres de zanjas en un bienio en idéntico emplazamiento traslucen, cuando menos, poca coordinación y visión global. Es como si a un paciente se le realizase una cirugía distinta cada cinco meses por el mismo sitio donde tiene la cicatriz todavía reciente. Al final, acabaría siendo peor el remedio que la propia enfermedad. 
Da igual que en cada caso el corte de la Avenida de Portugal haya sido por razones variopintas, del tenor de mejorar la accesibilidad, cambiar o instalar saneamientos, tuberías, fresado y asfaltado, fibra óptica, redes de calor o cableado; si todo se programase con un mínimo de perspectiva a dos años (un plazo exiguo para un gobernante), se podría acometer conjuntamente, de una sola vez, prorrateando los costes entre todos los que impulsan las diversas obras, lo que ahorraría nuestros escasos recursos, permitiría avanzar más y reservaría la paciencia vecinal para circunstancias menos evitables.
No es excusa que en unos casos costee las labores una empresa y en otros se trate de una subvención recibida de otras administraciones; puede tratar de compatibilizarse delimitando claramente los proyectos, o la ayuda bien puede reservarse para otra finalidad de las muchas que deben asumir nuestras arcas. Si los abulenses hemos soñado alguna vez con tener en la ciudad un Corte Inglés, no podemos conformarnos con que lo único que nos toque periódicamente sea un Corte Portugués. Eso, de nuevo, es darnos gato por liebre.