Francisco I. Pérez de Pablo

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Francisco I. Pérez de Pablo


Peatonalizar, ventajas o inconvenientes

01/04/2025

Ávila se la ha situado en el último lugar de Castilla y León y de los últimos lugares a nivel nacional en cuanto a su peatonalización. En concreto, 7.277 m. de calles peatonales lo que supone una ratio de 2,42% según el informe del portal Holidu. Turistas y visitantes exigen atractivos en sus destinos y esta estimación es un serio hándicap para la ciudad amurallada si lo que buscan es una movilidad verde y saludable mientras disfrutan del patrimonio abulense. 
La peatonalización siempre fue tímida y no exenta de una dura contestación de algunos sectores sociales y económicos y de los propios residentes. Ávila, en esto como en otras cosas, es una ciudad inacabada y en los tiempos actuales imperfecta. Ahora bien, la cuestión es si al margen de reglamentaciones y tendencias Ávila debe afrontar decididamente y sin fisuras una completa y perfecta peatonalización o volver a esa ciudad vieja de finales del siglo pasado donde coches y personas coexistían dando energía a sus calles. 
Es lógico que piensen que solo plantear hoy en día esto es ir contra corriente, cuando el urbanismo contemporáneo viene proponiendo la revitalización de espacios –plazas, calles, jardines…– en lugares de encuentro y recreación. Una conversación hace unos días con un amigo me despertó el interés. Su postura es que las ciudades surgieron para que en ellas viviera la gente y no para convertirlas en un parque temático. Una disyuntiva nunca votada por la ciudadanía que es impulsada o impuesta desde el Ayuntamiento: ZBE; eliminación de aparcamientos en superficie; ingentes obras cuyo objetivo es limitar el tráfico rodado; más multas, y persecución al conductor es hoy la realidad de la capital. 
Siempre me he mostrado favorable a una verdadera y total peatonalización previa dotación de equipamientos imprescindibles de los que se carece (los coches aparcan en fila frente al lienzo de la muralla). El centro histórico y adyacente está vacío de sus residentes habituales y muchos edificios están en ruinas sin visos de reactivación. Ávila que no es ciudad industrial, ni postindustrial, ni ciudad-dormitorio, sino una ciudad cristiana y medieval –defensiva– donde predominan los planos radiocéntricos teniendo en su trama urbana entre iglesias y palacios su atractivo. 
El PGOU –recientemente cuestionado por el alcalde– y su Plan Protección del Conjunto Histórico (PEPCHA) expandió la ciudad más allá de sus murallas y una gran parte de la población se desplazó a esas nuevas zonas periféricas en busca de mayor calidad de vida. Los dirigentes políticos solo encontraron el turismo como motor para su desarrollo económico y esos mismos turistas afirman que es una ciudad sin vida. La bicicleta no es alternativa y el transporte urbano es deficiente. Sin saber para quienes es la ciudad de Ávila, todo apunta a que la peatonalización actual se acomete desorganizadamente o simplemente porque es la moda.