José Manuel Serrano Álvarez

La Solana

José Manuel Serrano Álvarez


Un presidente nos hizo la puñeta

14/03/2025

Decía el director de este periódico, en su columna del pasado domingo, acertadamente, lo siguiente: "Ávila no puede seguir esperando a que los grandes proyectos la rodeen sin incluirla". Y añadía: "La A-40 y su papel en el Corredor Atlántico deben dejar de ser promesas electorales y convertirse en una prioridad innegociable". Ha llovido mucho (casi un cuarto de siglo) desde que el 20 de septiembre de 2001 El Diario de Ávila publicase en portada el siguiente titular: "Ávila tendrá AVE al mismo tiempo que Valladolid y Segovia". Ésta era la promesa que habían hecho, la víspera, los ministros Ángel Acebes y Francisco Álvarez Cascos, éste último titular de la cartera de Fomento. 
Se intentaba apaciguar el malestar de los abulenses por la decisión del Gobierno de Aznar que había decidido que la línea de alta velocidad ferroviaria entre Madrid y Valladolid pasara por Segovia y no por capital abulense. Los segovianos, encabezados por la diputada en Cortes Loyola de Palacio, habían ganado la partida. Fue lo contrario de lo que sucedió a mediados del siglo XIX, cuando los intereses de Ávila, muy bien defendidos por sus fuerzas vivas (incluyendo el primer periódico nacido en esta tierra, El Porvenir Avilés), lograron salvar los muchos obstáculos técnicos, económicos, sociales y hasta políticos que surgieron en la pugna con la Ciudad del Acueducto. El 20 de julio de 1862 llegó a la capital abulense la primera locomotora, lo que fue celebrado por todo lo alto. 
La promesa de los ministros Álvarez Cascos y Acebes fue plasmada en el Boletín Oficial del Estado que el día anterior a la rueda de prensa publicó la licitación del proyecto de conexión ferroviaria entre Ávila y Santa María de Nieva, por importe de 148 millones de pesetas. Posteriormente se haría público que las obras de esta vía férrea costarían 28 mil millones de pesetas. El día 22 de diciembre del año 2007 quedaba inaugurada la línea de Alta Velocidad Ferroviaria entre la capital de España y Valladolid, y no se cumplió lo prometido seis años antes pues el Ave no llegó a Ávila. Ni ese día ni después. ¿Por qué? El Partido Popular ya no gobernaba. El abulense consorte José Luis Rodríguez Zapatero había ganado las elecciones generales el 14 de marzo de 2004 y una de sus primeras decisiones en materia de infraestructuras fue suprimir el proyecto ferroviario entre Ávila y Santa María de Nieva. A cambio, prometió una autopista entre Ávila y Maqueda (Toledo), la A-40. Una promesa, como otras muchas, caída en el olvido. Ávila, sin AVE y sin autopista. 
Recuerdo las protestas que la sociedad abulense protagonizó por aquellos años (con marcha ciudadana a pie desde Ávila hasta el palacio de La Moncloa), exigiendo mejoras ferroviarias. La situación ahora está peor. ¿Qué hacer? ¿Tirar la toalla de las reivindicaciones? ¿Plegarnos al pesimismo? Se necesitan líderes que enarbolen antorchas de esperanza y tengan fuerzas para convencer a la sociedad. Y que ésta no se inocule el virus de la complacencia y la dejadez. Hay que remar en la misma barca, obviando lo particular para resaltar lo colectivo. Parafraseando al presidente Kennedy, no preguntando qué puede hacer Ávila por mí, sino qué puedo hacer yo por Ávila. 
Es cierto que no siempre se gana la carrera. Pero, si se participa con fuerzas y tesón, algunas metas sí se alcanzan. Los abulenses de mediados del siglo XIX lograron que el tren pasara por Ávila. A finales del siglo XX, esta sociedad se movilizó y logró que la Universidad Católica no fuera abortada antes de su apertura. Hoy, pese a algunos, se ha convertido en la principal fuente generadora de trabajo y saber. Traigo estos dos ejemplos de nuestra historia con resultados positivos, aunque existen bastantes más. No hay que esperar a que desde fuera resuelvan los problemas de aquí. Tampoco a dejarnos engañar y a que otros decidan por nosotros. El ciudadano de a pie tiene mucho poder si lo utiliza adecuadamente. Hay que ponerse a trabajar. Ya. Todos, todos, todos… Nadie sobra.