Francisco I. Pérez de Pablo

Doble click

Francisco I. Pérez de Pablo


Hace cinco años

11/03/2025

Tal día como hoy hace cinco años disfrutaba de un cocido de dos sopas con unos amigos y ninguno esperábamos lo que vino después. El viernes se cumplirá el quinto aniversario del inicio de la pandemia por el coronavirus y aunque la memoria es frágil y olvida con rapidez seguro que todos tienen hechos y momentos de aquella etapa de dolor, cierres y confinamiento. En Ávila en esos primeros días nevó y a pesar de las prohibiciones y limitaciones de circulación se mantuvo en un sinsentido varias jornadas el ticket de la ORA y sus sanciones.
No se puede resumir todo lo acontecido en estos escasos caracteres, pero si compartir lo que hoy pueden considerarse casi como algunas anécdotas (no me refiero a los estragos que provocó el letal virus y que se llevó a familiares, amigos y conocidos). Aparecieron términos inéditos como hibernación, nueva normalidad, desescalada … Tras todas las restricciones de movilidad, a finales de abril los dirigentes establecieron franjas horarias para que la población (niños, jóvenes y adultos) pudieran salir a la calle. 
El paseo diario estaba limitado salvo si se tenía perro. Ya en la fase 0 madrugaba, como otros muchos, para hacer deporte al aire libre entre las 8,00 h y las 10,00 h. En esas tempranas horas el espacio urbano era una gran pasarela deportiva (el chándal fue la prenda predilecta). Un reguero de "atletas" que esprintaban para llegar antes de la hora fijada. Gentes que nunca habían mostrado aficiones deportivas se vestían para la ocasión. Ignoro si seguirán con el mismo ímpetu. 
Al margen del trabajo (se regularon un amplio elenco de profesiones esenciales) el ocio paso a ser una gran necesidad, al menos en fin de semana. Cerrados o limitado los accesos a museos, bibliotecas, cines, teatros etc., lo poco que se podía hacer era acudir a los bares, aunque este episodio amplió y mucho la cesta de la compra incluyendo más bebidas, aperitivos y snacks en los hogares. Cada Autonomía estableció para las distintas fases sus propias restricciones en ambos estados de alarma. El aforo en la hostelería era del 33% en el interior y del 75% en el exterior con 6 personas por mesa. Estaba prohibido consumir en barra y el horario de cierre eran las 23,00 h sin nuevos clientes desde las 22,00 h –algo de ambas se mantiene–.
De aquellos días tengo una imagen recurrente cada vez que observo la circulación por una Capital que hoy es un caos. Llegada la hora del toque de queda la ciudad se asemejaba a una pista de scalextric. Coches –motos– circulaban con la premura de llegar a casa en tiempo y forma tras la última consumición que se apuraba algo más de lo permitido. Una combinación de cierta velocidad, riesgo y glamur que como una clasificación de la Q1 se superaba con el vehículo aparcado. Cinco años después en algo somos diferentes.