José Guillermo Buenadicha Sánchez

De la rabia y de la idea

José Guillermo Buenadicha Sánchez


Palomilla 2.0

07/03/2025

Hace unas semanas tuve la inesperada pero agradable visita de una antigua amiga, que pasó por Ávila junto con su marido. Ejercí de cicerone por la ciudad, en un maravilloso sábado invernal pleno de sol y frío. Paseos admirando nuestras piedras, nuestros rincones, nuestras decadencias, nuestra gastronomía, nuestras costumbres.
Al llegar al Grande, mis amigos se pararon a leer los nombres grabados en los cuatro costados de su epicentro, la Palomilla o, más técnicamente, las Grandezas de Ávila –somos muy coherentes: las Grandezas, en el Grande–. Me preguntaron quiénes eran y confieso, estimados tres lectores, que a pesar de no ser lego en temas abulenses, no supe qué decir de algunos de los personajes allí listados. ¿Quién fue Nicolás García, que figura en el panel de artistas? ¿Quizás pintor, el Maestro de Ávila del XV de quien tan poco se sabe? Afortunadamente, a otros, como a Sebastián Vivanco, se los saca hoy del olvido para apadrinar la Escuela de Música Municipal. Alonso de Orozco, abulense del arciprestazgo de Oropesa, ya no es beato –quizás alcanzar esa dignidad en 1882, año del monumento, le hizo entrar en listas– sino santo; precisa ascenso de rango. De Diego Mexía Velázquez se desconoce lugar de nacimiento, pero siendo primer marqués de Leganés, donde entrena un abulense, no le neguemos sitio. Y está claro que para ser guerrero hay que apellidarse Dávila; Ursula von der Leyen necesitará unos cuantos para su futuro ejército europeo.
La grandeza no es cualidad perenne, languidece con el tiempo –todo locura–: lo antes excelso hoy yace en el olvido, nuevos gustos reemplazan los antiguos. Si la Diputación gastase hoy parte del dinero de la venta de la UNED en un nuevo monumento, no faltaría Suárez entre los políticos, ni todo un Cervantes como Jiménez Lozano entre los escritores, pero ¿aguantarían 150 años? Además, ¿qué es la grandeza? ¿Exige timbre de la Academia de la Historia? ¿Es pública o hay grandezas privadas? Grande es todo el que lucha contra el cáncer, como nuestra portavoz municipal socialista, a la que mando un gran abrazo. O el entrenador de fútbol que coge un tercera y lo convierte en un equipo capaz de soñar con un nuevo ascenso. Hay grandezas que descuellan en sus aparente pequeñezas.
Podríamos coger cuatro de esas pantallas digitales –350.000 euros costaron– que dan hora y temperatura en chiquitín, y reemplazar los vetustos paneles de mármol de la Palomilla. Luego, con una «app», proponer y votar candidatos –grandezas participativas, como los presupuestos– a grandeza del mes. Grandezas dinámicas, actuales, con la Tere arriba, eso sí, para vigilar que no se desmadre la cosa. «De devociones absurdas y santos amargados, líbranos, Señor.».

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