Hoy es el día de Pi. No, estimados tres lectores, no me refiero al de mi famoso y querido compañero de carrera y grupo teatral, Miguel Ángel Valero Duboy, sino al del número irracional que todos conocemos. El que recoge la famosa relación entre la longitud y el diámetro de una circunferencia. ¿Y por qué hoy, me dirán? Pues por la manía estadounidense de expresar las fechas anteponiendo el mes al día y no al revés, como hacemos los que sabemos algo de geografía, no usamos gorras chillonas y mantenemos los circulares tapones de las botellas unidos a las mismas. Es decir, hoy catorce de marzo es el 3.14, que se corresponde con los primeros dígitos de ese guarismo que tiene infinitos.
Entre las curiosidades sobre este número trascendental —en polisémico sentido— están los muchos métodos buscados a lo largo de la historia para su aproximación. A mí, por su sencillez, me gusta el basado en Monte Carlo —el casino no—, que se podría implementar, por ejemplo, ubicando en los aledaños de la plaza de toros de Ávila una piscina cuadrada circunscrita a otra redonda. La proporción de agua recogida en estos días de bíblicos diluvios entre la circular y el total del cuadrado sería Pi dividido por cuatro. Es un buen método; siempre, claro está, que mientras estamos midiendo el agua no nos lleve por delante una crecida del Adaja o el Grajal.
Cuando se vuelve a cuestionar si la Tierra es redonda, hay quien se cuestiona la necesidad del número griego. Y vaya si es útil: en tiempos cuadriculados, nada mejor que defender lo curvo. Pi es intrínseco a la circunferencia, elemento omnipresente en la naturaleza, esa naturaleza que tan bien nos enseñó a amar Rodríguez de la Fuente, quien nos dejó hace ya 45 años un día Pi. También aparece en muchas fórmulas, como en la de la teoría de la Relatividad General —no, no es «e = mc2», esa es una consecuencia que se deriva de la Especial, aunque eso daría para otra columna— de Einstein. No podía ser de otra manera, ya que hoy se celebra el cumpleaños del sabio por antonomasia. Es una constante necesaria en el universo; por ejemplo, en la dinámica orbital de los planetas o de las estrellas alrededor de los agujeros negros, que tanto popularizó Stephen Hawking desde su silla de ruedas. Astrofísico que murió, por cierto, también un catorce de marzo. Y recuerden hace cinco años, cuando otro día Pi nos dio a todos por calcular, mirando el rollo y sabiendo el espesor usado —muy fan de las tres capas—, la longitud de papel higiénico que había en casa, para acto seguido salir corriendo al supermercado a abarrotar el carrito. Porque en el fondo todos llevamos un matemático dentro, aunque hagan falta una pandemia y un confinamiento para desvelarlo.