Uno de ustedes, estimados tres lectores, tuvo a bien comentarme el otro día que había leído un artículo sobre el mercado inmobiliario abulense. Favor que agradezco: encontrar ideas para esta columna semanal es tarea difícil. Apenas lo vi –publicado el pasado día 22 en el digital elconfidencial.es– supe que no podría evitar usarlo.
Reflexionaba el periódico sobre los datos del portal inmobiliario Idealista –logro de dos abulenses, mi aplauso para ellos–, que indican que Ávila es la ciudad donde más ha subido el alquiler de vivienda en los dos últimos años y donde más rentable es. ¡Aleluya! ¡Por fin encabezamos algo que no sea la mínima en los crudos meses de invierno!
Puede que las cifras de Idealista no reflejen la realidad, muestren solo ofertas y no operaciones de mercado. Pero cuando el río suena, agua lleva. Me cuesta entender qué está pasando, de ser ciertos. Una ciudad sin crecimiento desde hace décadas y con una población envejecida. Con un parque de nueva vivienda altísimo, aunque gran parte sin licencia de primera ocupación. Promociones casi finalizadas en manos de la Sareb, no interesada en explotarlas en alquiler y sí en venderlas en bloque. Que van decayendo, como la ciudad en general, hasta hacerse inhabitables. La Escuela de Policía no parece justificarlo; miles de estudiantes, pero que han de pernoctar en el centro de formación, aunque algunos alquilan para los fines de semana. Algo de población emigrante, y algunos –no muchos– que huyen de Madrid en busca de provincia limítrofe. Con todo, no me cuadra. Si tuviese que apostar, diría que el problema está en la oferta; algo evita que se anuncien viviendas. Unos dicen que si la legislación, poco protectora con alquiladores, otros que esperan mejor ingreso con la venta. O quizás una mano oscura. El reportero de El Confidencial indicaba en el artículo que en Ávila «están pasando cosas». Creo que está en lo cierto: lo que ocurre es que tenemos en la ciudad un gran agujero negro que se va tragando pisos y alquiladores –viva la enantiosemia– sin que se los vuelva a ver tras el horizonte de sucesos.
Recuerdo cuando presenté alegaciones contra la VI modificación del PGOU, en el 2010. Desde el Ayuntamiento me respondieron con argumentos varios, a cuál más peregrino, si me permiten la subjetiva apreciación. Entre ellos, que el crecimiento de la ciudad para 2017 era entre 70.000 y 100.000 habitantes y que hacían falta 15 000 viviendas nuevas. Parece que el agujero negro se tragó las decenas de miles de nuevos abulenses, y a cambio eructó de vuelta el erial de solares que nos circunda, llenos de raspas de sardinas habitacionales que nunca verán llenarse sus estancias de vida. De esos polvos, estos lodos.