¿Sabían ustedes que los autores más vendidos del mundo son William Shakespeare y Agatha Christie? Pese a ser la novelista es la más vendida del mundo, Christie es una figura bastante desconocida, a la sombra del bigote de Poirot. Pero fue una mujer moderna, pionera, de las que rompió barreras y conquistó derechos y, en consecuencia, tuvo que sufrir todos los comentarios que van aparejados.
La escritora británica escribió multitud de novelas, obras de teatro, poesía, cuentos infantiles y relatos cortos sin haber ido a la escuela, con la pobre educación femenina victoriana. Dio la vuelta al mundo en 1922 con su marido por aquel entonces, haciendo surf en Sudáfrica y Hawai. Fue una de las primeras mujeres en tener casas a su nombre y coche propio, ganados con el dinero que le proporcionaba la escritura, pero tal era la inseguridad que le generaba a su marido que lo tuvo que ocultar y, de hecho, su éxito acabó con el matrimonio. Después del divorcio, cogió un tren sola y, desoyendo las habladurías, viajó a oriente próximo porque era lo que más le apetecía. Allí conoció a su segundo marido, catorce años más joven que ella, un arqueólogo que la dejó desarrollar su carrera y al que ella acompañó a sus expediciones arqueológicas durmiendo incluso entre ratas. Entró en Delection Club, una sociedad formada por autores como Conan Doyle que la hizo firmar un acuerdo que incluía que las novelas no podían resolverse por intuición femenina. Lo siguiente que hizo fue crear a Miss Marple. Fue una pionera que se posicionó como una escritora consagrada a la altura de sus equivalentes masculinos. Algunos sectores del feminismo la han criticado porque también era conservadora en otros aspectos, pero sus actos hablan por sí mismos.
En días como hoy, no dejo de pensar en todas las mujeres que nos precedieron, no solo en las escritoras o las sufragistas. También en las que llevaban su casa en el campo, se hacían cargo de la huerta y las gallinas y, cuando tenían un rato, se remangaban y se metían a ayudar al marido. En las primeras universitarias, que tenían que ir con carabina, como María Montessori o las primeras profesionales, que tuvieron que renunciar a la maternidad u ocultarla para poder desarrollar su carrera. En los primeros grupos de mujeres juntas en las facultades, no hace ni cien años, y en la generación de mi madre, que lo han normalizado y nos han puesto las cosas fáciles a las que hemos venido detrás. No dejo de pensar en todas ellas mientras veo como los gobiernos solo necesitan un bolígrafo para cargarse todos los derechos luchados y adquiridos. Y aún dicen que el feminismo no es necesario hoy. Hablamos de libertad, por lo que cada una debe ser libre para elegir cómo quiere vivir y ejercer sus derechos. Y es que hay tantos tipos de feminismo como tipos de mujeres. Esto es de Siri Hustvedt. Y feminista es cualquier mujer que cuenta su historia: de Virginia Woolf. Y todos, independiente del género, deberíamos ser feministas. Esta corre por cuenta de Chimmamanda Ngozi Adichie. La realidad es que, todo apunta a que en breve tocará defender lo conseguido hasta ahora. Todos juntos. Cada uno a su manera.