El Diario de Ávila de 19 de enero de 1925 plasmaba en sus páginas el homenaje que el día anterior había rendido un nutrido grupo de antiguos alumnos a Francisco Gallego Fraile, aquel que durante tres décadas había sido un entregado maestro en las aulas de la escuela pública de Nuestra Señora de Sonsoles de nuestra capital, ubicada en la Bajada del Rastro, en el antiguo Hospital de Peregrinos de Sonsoles.
El docente, natural de la población vallisoletana de Villa de Castrodeza, se había afincado por motivos laborales en Ávila, donde formó una familia al contraer matrimonio con Juliana Bernabé García y nacerles una hija, Ramona. En nuestra ciudad desempeñó su vida profesional hasta su jubilación, producida el 25 de noviembre de 1913. Posteriormente falleció también en Ávila, el 19 de febrero de 1924. A propuesta de 74 de quienes fueron sus alumnos, el Ayuntamiento de Ávila, en su sesión semanal celebrada en la tarde del 5 de marzo de 1924 y presidida por el alcalde, José Tomé Fernández, iniciaba el expediente con la finalidad de rotular una calle de la ciudad con su nombre, trámite que culminó con su aprobación, dos meses más tarde. La vía ha continuado denominándose así hasta el día de hoy, un siglo después.
Se da la circunstancia de que fue la primera vez que en nuestra ciudad se nombró una calle a iniciativa de un grupo de ciudadanos ajenos al Consistorio, sin vinculación con la política. Algunos de ellos, como Emiliano Bernabé o Casimiro Hernández, años después recibirían idéntico homenaje de ver bautizar en su honor una vía de nuestro municipio.
Uno de sus discípulos, el presbítero Francisco de San Segundo, publicaba en el periódico local una necrológica tres días después de la muerte de Francisco Gallego. En ella, expresaba su admiración y gratitud hacia la tarea formativa de quien fuera el maestro de tantos abulenses, al que describía como "caballero cristiano, pundonoroso y humilde pedagogo", que "no quiso honores en la tierra", y hacía un llamamiento público a sus exalumnos para otorgárselos ahora, uniéndose en un tributo a su figura y costeándole entre todos "un solemne funeral", para lo cual se recogerían donativos en la peluquería sita en el número 6 de la Plaza del Alcázar, y en el comercio del número 37 de la Calle Reyes Católicos. Se constituiría a continuación una Comisión de antiguos estudiantes presidida por José Jiménez García, encargada de la organización de los actos.
Meses después, el homenaje se materializaba en la colocación de una placa el 18 de enero de 1925, que allí sigue actualmente, en la fachada de la escuela donde Francisco Gallego llevaba a cabo su labor educativa. Descorría la cortina para descubrirla el presidente de la Diputación Provincial, Ángel de Diego Capdevilla, que recordaría públicamente que sus tres hijos habían recibido clase del homenajeado. El texto de la inscripción decía así: "A don Francisco Gallego Fraile, Maestro que fue de esta escuela por espacio de 30 años varios discípulos le dedican este recuerdo en agradecimiento a la enseñanza que recibieron del expresado Señor". Se añadía la fecha de composición, julio de 1924, aunque la colocación de la lápida hubiera tenido lugar seis meses después.
Al homenaje asistían además ediles y representantes de la Escuela Normal de Maestros, así como el inspector jefe de Primera Enseñanza, Sr. García Díaz, y el sucesor de Francisco Gallego en la plaza de la escuela, Juan Matías Hernández. En los discursos se aludió al profesor como "modelo de maestros (…) que hacía servir la enseñanza para cultura del alma".
Años después de ese momento, moriría su hija sin descendencia. La vivienda familiar, situada en la calle San Juan de la Cruz, pasaría a pertenecer a la cercana parroquia de San Pedro Apóstol.